Ahora, Amazon me pide una reseña, y decido aprovechar la ocasión, porque pensaba hacerlo por extenso, pero no merece la pena. Me prometo a mí mismo dedicar un día a liarme con dos problemas que lastran al sistema educativo, por lo menos español, y que infectan a este libro (como a una legión de profesores y cuadros intermedios, tanto por "la derecha educativa" como por "la izquierda"):
a) el problema de la didáctica universitaria
b) el supuesto divorcio entre "tu materia" y "su didáctica" (ese último posesivo en doble sentido)
Antonio Fonseca Morales y Andrés Carmona Campo: Profesor de Secundaria: Claves para lograr la autoridad en el aula educando por competencias. Edición de autor.
En principio, se presentaba como la reflexión de dos profesores que proponían enfrentarse al problema de la disciplina en el aula. Y desde ese comienzo, además, centrado en la Secundaria, aparecían reflexiones y consejos, llenos de sentido común, quizá un poco más sistematizables, pero interesantes para tener a mano. Como prometían ocuparse de los "casos especiales", esperaba al final el andamio que organizara todo. Cuando vi que se acababa el texto y que también, aunque lúcida, era una sucinta mención del problema
La cosa empezó a torcerse cuando, a medida que avanzaba el libro, empezaba a menudear que la práctica de volcar saberes sobre los alumnos es cosa de la Universidad. No sé lo que harían para aprobar sus carreras, pero creo que no aprendieron a distinguir los buenos de los malos de los profesores que tuvieron... y mucho menos de que, por acción u omisión, hasta dirigir una tesis exige didáctica. A mitad del libro se envalentonan y todo lo que no les place se convierte, sin explicación en "academicismo" (un autor era de Filosofía, podía haber recordado los jardines de Academo), y automáticamente sobra.
Más adelante, llegan las competencias, cómo no. Personalmente esperaba que, o bien la mención en el título era un truquete para que colara en el dichoso mercado editorial, o bien establecían el puente (lo cual me hubiera hecho dar saltos de alegría. Pero no. Esa parte se componía de una encendida defensa (porque sí) de principios que todos sabemos ("todos hemos de trabajar con todas las competencias") y otra de la estabilidad normativa, frente a la común creencia de lo contrario. La pirueta dialéctica para "demostrarlo" obvia el menudeo de órdenes y contraórdenes y carga contra las "programaciones de editorial", obviando las "programaciones de inspección" o "a prueba de reclamaciones peregrinas". Nefasta la ignorancia sobre el papel de los contenidos en la enseñanza, que van derechos al cubo de la basura. Resulta que no hay ni uno de ellos que sirva (ni los que en tiempos LOGSE se marcaron como "procedimentales"), todo viene en la wikipedia, y se afirma más de tres y cuatro veces que, a fuerza de "usarlos", los "importantes" se memorizan automáticamente. Hasta los más conspicuos defensores del aprendizaje por proyectos (que parece entreverse en los ideologemas que se trata de introducir) intentan demostrar semejante falacia, de una u otra manera, más o menos cietífica, práctica, "evidente" o elegante. Aquí, está dada por supuesta.
Más tristeza da todavía que metan en el mismo saco todo lo que significa examen: con tal de que esté en un folio en blanco y que haya que rellenar por escrito, ya es un ejercicio memorístico que no llega a ninguna parte. Y que desmotiva por ser en folio y por escrito. Debo de ser el único profesor del Universo al que le llueven las reclamaciones por no preguntar "vomita esto" y sin embargo pedir comparaciones o formas de solucionar una paradoja, con la premisa de que no hay respuesta "acertada" (al menos al nivel que se maneja un alumno de un determinado curso). Por cierto, muy pobre manejo tanto de explicaciones como de cantidad de caminos alternativos a la "odiosa" clase magistral. Parece que con condenarlas y culparlas de la desmotivación todo está servido.
Y la traca final: ¡Había una bibliografía tras el texto! Muy de Enseñanza Media, pero de trabajo de alumno, o de mal trabajo universitario, tal que la de esos titulares de Universidad que, tras refreír sus apuntes de estudiantes, adornan la programación con textos incompatibles a lo que proponen como temario. No sé en este caso la coherencia, porque ni me he molestado en contrastar. Si una persona coloca una bibliografía, es porque la ha usado, y entonces la ha referenciado en el texto. La otra alternativa es comentar la importancia de los textos citados, tanto para qué les ha servido como para qué le pueden servir al lector, cosa que muchos buenos autores de Enseñanza Media hacen en sus libros de didáctica.
En cuanto al estilo de escritura, ramploncete y tópico.
Dado el escaso beneficio (y las grandes complicaciones fiscales) que a un autor ocasional da la publicación oficial, probablemente hubiera sido mucho más beneficioso, hasta económicamente, reunir lo genuino de las experiencias de los autores, haber reflexionado un poco más para estructurarlas de forma más coherente y lógica y "liberarlo" en un documento PDF gratuito, que, del "pantalla a teclado" les hubiera proporcionado algún encargo de cursillo o similar.
Leído, Juvenal.
ResponderEliminarMuy buena crítica. Me pensaré dos veces comprarme este libro.
Un abrazo,
Sergio.