domingo, 3 de enero de 2016

Apologías de la ordinariez

Debería estar inmunizado contra estas cosas, pero me vengo abajo cuando veo esto:

http://www.yometiroalmonte.es/2013/11/23/aglomeraciones-conseguir-firma-libro-belen-esteban/

¿Así podemos salir de la crisis? ¿Así podemos cambiar la educación? ¿Así podemos legarle un porvenir a la generación siguiente? ¿Así cabe la menor esperanza en el futuro?

¿Con qué cara le digo a nadie que estudie o que haga estudiar a su hijo, por su futuro? Ya no necesita creerse Messi cuando enlaza dos patadas buenas al balón en el patio del recreo. Ni modelo por un traje que le sentaba bien. 

No tengo nada especial contra la diva en cuestión, salvo mi patológica repulsión por la ordinariez, y en eso no la diferencio de algunos ejemplares de sexos diversos que me encuentro por la calle. Entiendo y aprecio (envidio) la sencillez, comprendo la incultura por falta de oportunidades. Tengo en mucho al que hace lo que puede con las herramientas que tiene. 

Pero me asaltan deseos de rociar de gasolina el stand, los patrocinadores del evento y los integrantes de la cola, más los que sienten no haber podido ir. Es más, cuando oigo la expresión "princesa del pueblo", ganas me dan de extender la gasolina por las cabezas que diseñaron la operación comercial, y las de los que se enganchan a ella.

Eso sí, cuando me veo con la lata y miro la legión de caras de estupor, de orgullo de participar de la ordinariez, me rindo y me vengo abajo. Educar en esta sociedad (y no me refiero especialmente a España) es solamente administrar el fracaso. Los pequeños éxitos de un día de clase, los que ponen voluntad para salir adelante, son solo ilusiones que me permiten sobrevivir un día más. Todo ello va a ser tragado por la cola del libro de la Esteban. 

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Francamente, si ha captado la facilidad con que mi ánimo se encrespa, imagino que entenderá que modere comentarios. Aunque año y pico de una experiencia anterior no me ha obligado a censurar ninguno, nunca se sabe.