La ce cedilla (no la necesitaba en aquella época para sonar así ante -e/-i) y la tilde en la o (que no estaba la cosa para gastar tinta y pergamino, pero me dañaba la vista dejar viuda la vocal tónica) sobran, pero una cosa que no varía en mi conducta es la de que ni la ortografía medieval te estropee un título resultón.
Otra de mi rojísimo instituto, cuyo director sigue simpatizando a boca llena con un rojísimo sindicato, y en claustro lo proclama. Concretamente, ese sindicato que se atribuye (¿cuál no?) el logro de que legalmente no se superen las horas fijas establecidas de permanencia. El gobierno de la taifa lo ha solucionado por la vía rápida: actividades inaplazables e imposibles de soslayar, que se hagan fuera de ese horario, pero que se hagan. Un logro maravilloso.
Pues bien, siendo tan rojísimo, y tan meado en los pantalones (como me he encontrado el centro entero, frente a tanto centro que plantó cara a los equipos de "hombres de negro" de la Inspección) con el seguimiento del Plan para poner muchos aprobados (le buscaron un nombre más bonito, claro), le llegan cuatro madres chillando porque sus niños suspenden mucho mi asignatura de bachillerato, y va y se comporta como el dueño de una academia de tres al cuarto. Menos mal que no puede despedirme, como hicieron con un excelente profesor de cierto chiringuito pseudouniversitario pastocrático y sin homologación (laico, ojo, por si entre mis escogidos y escasos lectores se ha infiltrado un cerebro jibarizado), porque los alumnos no es que se quejaran de él, sino que cuando explicaba teoría de la comunicación preguntaban en sus círculos "qué se habría fumado el tío ese", al usar términos que no les aparecían en sus libros del tema uno de 1º de bachillerato.
Como todavía estoy a cala y prueba (eso se han creído), me ha dejado caer, vía departamento, que suspendo mucha gente, a lo que he respondido que era lógico, si estoy eliminando estupideces del año de maricastaña del libro de texto y no toman maldita la nota, mientras charlan cual alegres comadres de Windsor. Que me dejan exámenes en blanco y que se quejan de que mis preguntas sean del tipo de "relacione...", "invente un ejemplo que demuestre el concepto X", etc. O que respondan, dicho en bruto, una pregunta que alude a la página 23 con la clasificación de la página 38, que no tiene nada que ver.
No podré negar que ya me lo advirtió, con buena voluntad, una persona que se ha plegado al sistema de preguntar los epígrafes del examen, que confesó haber sido, en otras épocas, quijotesca, y que me propuso "írmelos ganando poco a poco", por supuesto, con preguntas de epígrafe. A mí, que el bien tramado final de El Quijote lo admito como lector informado, pero me da tres patadas. Para eso, prefiero la más clarita lección de El Licenciado Vidriera.
Mira por donde, hoy les tocaba recuperación: al ser folios a doble cara, he tenido que tirar la mitad de los exámenes por incomparecencia. De la otra mitad, más de uno y más de dos que dejaban el mapa de la península (dividido por autonomías, para que no se despistasen demasiado) sin siquiera poner las lenguas de España. Me tropiezo con el aguerrido defensor de las academias de tercera pagadas con dinero del Estado, y, ante el par de exámenes que le muestro, junto con la observación de las multitudes que no toman una maldita nota o se dan a la charla, oh, casualidad, salta con que "estudiantes malos ha habido siempre" y que el problema es que mi índice de aprobados "difiere del de otras asignaturas" (sobre lo que habría de qué debatir), y que "ya hablaríamos".
Y tanto que hablaremos. La censura casera ya ha saltado con que no puedo decirle que me podrá hacer la vida amarguísima, pero que yo no soy domesticable. Ya sé que es un pecado, en los nuevos sistemas educativos, poner exámenes "de pensar", y, sobre todo, esos de "con el libro y apuntes por delante", teniendo en cuenta que servidor no lleva una respuesta prefabricada para corregir, sino que descuenta por la gravedad de los deslices, y conclusiones erróneas pero sin barbaridades cuentan para bien al calificar...
No, no me molestan otras críticas recibidas, que además coinciden con "agujeros" míos y aciertan. Pero un tío que se aprovecha de una inmigrante china que casi desconoce el español para meter a su hija en el peor curso, que se la sopla que un profesor se le ofrezca a dar clases de refuerzo en lugar de buscarse un apañito poco trabajoso para cubrir horario, que ahora se la coja con papel de fumar para maquillar estadísticas, y se mee en los pantalones por madres chillonas y por una inspección... mira, métete la sonrisita por donde te quepa.
Eres un colaboracionista de la clase opresora. Es verdad, defiendes a muerte la escuela pública. Pública, porque es para ofrecerle al público lo que pide, no lo que necesita, y pública, porque defiendes al patrón de la escuela pública, que solo quiere tener contentos a los "clientes-votantes", aunque le esté vendiendo mercancía adulterada. ¿Ves? En eso soy "un facha". Me da igual quién sea el dueño del edificio, mientras que haya escuela para todos y con las mismas oportunidades. Me corrijo: con más oportunidades para el que más lo necesita. Que, en el estado actual de la sociedad, no debe depender de almas caritativas y fundaciones bondadosas, sino del Estado que pide dinero (dice que para garantizar los derechos), y que el único límite a las privacidades es no troquelar infantes ni jóvenes (¡cuánto adoctrinamiento de catecismo barato, no puesto en práctica, disfrazado de "programa de concienciación", escrito en tinta oficial!).
Yo, en mi calidad de Señor de los Zafiros, proclamo que solo defiendo la Enseñanza: es decir, dotar de herramientas a niños y jóvenes para defenderse de una sociedad que no se corta un pelo en convertirlos en piezas de producir y, sobre todo, consumir, y ampliar sus horizontes en busca de una perpetua falta de certidumbres y un continuo esclarecimiento de ideas propias. Enseñar para la libertad.
lunes, 25 de enero de 2016
jueves, 21 de enero de 2016
Carta a Diego
ENTRADA ACTUALIZADA
Perdona, Diego, que empiece enrollándome sobre los considerandos generales, pero ya estás en un lugar donde hay muy buena compañía y desde el que me entiendes.
Me ha ofrecido el cara-libro uno de los impecables exabruptos de mi vitriólico y admirado-odiado-no-sé-cómo-definirlo Pérez Reverte, y es el primer grito que necesitaba, y lo suelto. Por cierto, perdón a las putas, que no a la aplicación a los progenitores que tan hábiles abogados han puesto para "salvar" a sus hijas. Cierto que ellas no matarán a otra niña (espero), pero, saliendo tan barato el asunto, están contribuyendo a la impunidad con que se siente la generación de la que estamos hablando.
Dicen por ahí que en Santa Finlandia solucionaron el problema de Diego, y no voy a discutir sobre ello. Pero...
Perdona, Diego, que empiece enrollándome sobre los considerandos generales, pero ya estás en un lugar donde hay muy buena compañía y desde el que me entiendes.
Me ha ofrecido el cara-libro uno de los impecables exabruptos de mi vitriólico y admirado-odiado-no-sé-cómo-definirlo Pérez Reverte, y es el primer grito que necesitaba, y lo suelto. Por cierto, perdón a las putas, que no a la aplicación a los progenitores que tan hábiles abogados han puesto para "salvar" a sus hijas. Cierto que ellas no matarán a otra niña (espero), pero, saliendo tan barato el asunto, están contribuyendo a la impunidad con que se siente la generación de la que estamos hablando.
Dicen por ahí que en Santa Finlandia solucionaron el problema de Diego, y no voy a discutir sobre ello. Pero...
El programa finés contra el acoso escolar tiene una grave pega para la adaptación a esta España de charanga y pandereta, devota de Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez. La moral calvinista que impregna los huesos del ahora casi ateo país ("oficialmente" ya lo ha conseguido por estadística Islandia) hace que la consideración de tolerancia con cualquier desvergüenza implique bajeza moral. Y la conciencia de bajeza moral, dado que antaño llevaba al infierno, ahora lleva a los índices de alcoholismo y suicidio que sufre la fría tierra de los bosques. El que la repudia, automáticamente entra en el colectivo de los predestinados a la salvación del alma, ahora a la ejemplaridad ciudadana. Por tanto, con recursos (no una charlita de cuarenta y cinco minutos, y tres pósters por los pasillos, que con el generalizado pitorreo y distracción ni se escucha la una ni se miran los otros, que aquí los comedores escolares no tienen semáforo antirruido), un programa que "desprivatiza" el acoso y lo pasa al ámbito de la moral pública, no reúne chivatos, sino salvadores de la moral público-privada (de difícil deslinde allí).
En Japón, por razones distintas a las del nórdico país de los bosques, también pasaría algo parecido. Me comentaban de una japonesa, afincada en estas Batuecas durante un largo tiempo, que se había enamorado de esta tierra, que le costaba digerir algunas cuestiones allí dadas por sentadas, pero que lo que no terminaba de encajar, por más que lo intentaba, este espíritu de "omertá" que pulula por aquí. En el complejo y contradictorio País del Sol Naciente, el sinvergüenza, aparte de ser considerado un ser despreciable, si se evadía de la autoridad, manchaba el honor de la clase, con lo que el denunciante o denunciantes solamente eran colaboradores de la salvación del honor de la clase. La presión de la clase no era agresiva, sino mucho peor: te ignoramos, quisiéramos que no estuvieras aquí, no eres de los nuestros. En cuyo caso solo hay que trabajar con que acosar a otro alumno es una forma de deshonor muy superior a cualquier falta de honor que implique acoso.
Ahora explíquenme cómo se aplica un programa de concienciación en la tierra de Rinconete y Cortadillo, donde ser ladrón estaba bien, mientras se entregara la limosna correspondiente en la casa de Monipodio, y no se fuera hereje (ortodoxia, no ortopraxis). Que esta es la España donde se mira para otro lado si el ladrón es de los nuestros, y la poca conciencia de daño público que queda se emplea en hacer más virulenta la diatriba cuando roban "los otros". Donde "chivato" es el chaval que se queja de que su compañero le está taladrando la mano con el compás solamente por aburrimiento... y pretenderemos concienciar... Estoy harto, hartísimo de malos tratos confesados por padres (madres, sobre todo), y de que los vecinos no escupan por la calle al maltratador. Estoy harto, hartísimo de chulos de mierda desde la preadolescencia que, cuando hay que sancionar, te encuentras con un coro en TODOS LOS ESTAMENTOS DE LA ENSEÑANZA que empiezan con diversas interpretaciones de la partitura de "son cosas de chiquillos". Que el menos malo de los desenlaces sea un castiguito, o una expulsión o semiexpulsión que les resulte un premio, a modo de vacaciones, porque no se les puede obligar de forma práctica a cumplir las tareas complementarias obligatorias, ni a reparar la falta. No se reparan las faltas.
Lo más suave para el profesor puede ser que quede encerrado en una montaña de papeles que rellenar y justificar,siempre bajo la presión de que le puedan encontrar un defecto de forma o una expresión no totalmente clara que le "haga perder la jugada", para risa del implicado y sus amiguete son,que esas desautorizaciones se notan de inmediato: a los cinco minutos ya piensa el instituto entero que tu autoridad importa un pimiento. Naturalmente, quedan las maravillosas conversaciones con papás o mamás asesorados por el listillo de turno, donde lo más suave es ser desmentido e ignorado: luego vienen las acusaciones, las voces, e incluso las amenazas.
No, no era este pobre Diego alumno mío hasta hoy, que ya lo es. Doy por bien empleadas las horas de MI TIEMPO (porque esas montañas de informes se comen el que debiera dedicar a otras cosas, que a su vez se me lo comen del sueño), cuando he conseguido, a veces no del todo reglamentariamente, frenar o atenuar algún caso. Pero por el bien de esos Diegos-persona, no por el de alumnos a los que me ponen trabas para proteger.
Cuando el papanatas de turno escriba una circular ordenando que incorporemos a la larga lista de gilipolleces (bienintencionadas todas, pero inconexas y con casos de una estupidez de fabricación de materiales sonrojante para instancias académicas) que hemos de incorporar tres sesiones de catequesis Ripalda con una proyección a unos programas docentes que, por repetitivos, desorganizados y mal ubicados sobrecargan a todo buen estudiante de Primaria o Secundaria (el que no palo al agua, pasa igual de curso), puede que me encuentre un poco más borde esta vez.
El panfilismo de tantas fichas y cartelitos que viste, dibujaste, colgaron en tus clases, te hicieron copiar, esos Días de La Paz en que tu clase escribió frases preciosas en rollos de papel continuo blanco, esas manitas blancas que recortaste y te hicieron pegar... te ha matado también, por encubrimiento y omisión.
Yo también, lo confieso, he sido tu asesino. Porque no he pegado un puñetazo en las mesas de coordinación, porque no era suficiente mi lucha por el respeto, porque debí decirle a la cara a los perroflautas con corbata que, o imponían programas de reeducación drásticos para niños y padres irrespetuosos, o nos dejaran las manos libres para que el primer insulto no saliera gratis en este sistema educativo pseudopaidocrático en que acaba ganando el infante más bestia.
Te he fallado. Me ha ganado, en un cierto porcentaje de veces, el cansancio o el miedo a consecuencias laborales.
Perdóname desde ese cielo en que El Padre te estará acariciando, y a cada caricia te está quitando un golpe recibido, un insulto que te rasgó el corazón. Junto con los besos que les envías a tus padres, envía abrazo a este profesor que podía haber hecho más con esos otros Diegos con que se ha tropezado y se tropezará.
Pídele al Padre que ningún gilipollas religiosamente desinformado saque de madre la teología del suicidio y les meta en la cabeza a tus pobres padres cosas que repugnan a la recta doctrina. Para que entiendan que Dios tiene muy claro que un niño maltratado y exasperado no tiene la obligación de saberse el procedimiento burocrático de denuncias y protocolos concretos y ha optado, desde la inocencia de sus once años por un cambio brusco de Centro Educativo.
domingo, 17 de enero de 2016
Confesiones de un profesor de la generación X
Lo pongo en forma de enumeración, o se me apolillan las ideas.
- Llegué cumpliendo las condiciones que me pusieron para ser profesor.
- Cuando aterricé, se me obligó a besar el suelo por donde pisaban los héroes del los Movimientos de Renovación Pedagógica (por cierto, yo no sabía que eran tantos, ni que se convertía en héroe uno que era primo de un amigo de uno que fue a un cursillo en el que alguien explicó una forma alternativa).
- Entonces, llegó la Reforma, y reformaron. Parte de los héroes de los MRP reformó sus condiciones de vida, escalando en los puestos de la pujante y nueva Consejería de Educación, aunque lo que se dejaron sin reformar fueron los métodos dictatoriales y tridentinos con que se imponían las cosas. Otra parte, que no "pilló cacho", reformó su actitud, combinando su lucha contra las altas esferas con el desprecio y pisoteo de los que vinimos después, y eso que no nos había dado tiempo a abrir la boca. Un tercer sector reformó su optimismo en el cambio y descubrió que no le quedaba otra que seguir trabajando bajo la represión, eso sí, reformando las formas de resistir porque los de arriba conocían los anteriores métodos de resistencia.
- Se experimentó la Reforma. Se destinaron cuantiosos fondos al asunto, pero todavía nadie ha mostrado una sola publicación en la que se demostrara, aun con estadísticas falseadas, las mejoras. Todo se tapó bajo la manta de una "evaluación cualitativa", que no era ni lo uno ni lo otro. Como en aquel antiguo artículo de Unamuno sobre el tipo que le metía mano a una chavala por la calle, las pegas eran tapadas como aquel chulo calló al padre: al grito de "Fascista!". Alguno era un poco más fino, y te llamaba "academicista" y "antipedagógico" (como si hubiera estudiado algo sobre la materia el insultante).
- A la llegada de la Reforma, empezó el bombardeo, por cierto, nada "selectivo". Todo cursillo, conferencia, etc., comenzaba por una enmienda a la totalidad no de los métodos anteriores, sino de la condición mental, actitudinal y moral de los que estábamos allí. Cada vez que señalaba alguien una pega, la rociada de insultos era vergonzosa, tanto más fuerte cuanto más fundada en tu materia o en la teoría didáctica estaba. Lo segundo era más peligroso, porque entonces tenías, además, el "fuego amigo" de los que estaban sentados a tu lado. El cursillo seguía por una explicación estilo Ripalda de lo que tenías que hacer, decir, pensar, un vocabulario esencial (aunque el ponente no tuviera repajolera idea de las implicaciones teóricas y técnicas de cada término), y finalmente, una sesión de anatemas. Obviamente, los insultos salpimentaban el discurso entero, que culminaba en las amenazas (en aquel entonces difusas, pero ciertas) a quien se desviara del cumplimiento de las consignas libertadoras.
- Aunque el resultado estaba ya decidido, llegó la guerra civil, ganas de marcha que tenía la gente. Los centros fueron un permanente Stalingrado durante años. Lo más doloroso para mí fue la denigración del pensamiento y del estudio. Guantazo por antididáctico si hablabas desde los presupuestos de tu materia y lo que creías que aportaba a tus chavales, o cómo conectar con ellos a través de un replanteamiento teórico. Guantazo doble si se te ocurría tirar de un libro de pedagogía o psicología. Porque, quede claro, para ambos bandos no había más psicopedagogía que la que aparecía en las toneladas de fotocopias, emitidas desde las alturas, que circulaban. Juntitas y empaquetadas, hubieran servido para destruir Guernica sin gastar un gramo de explosivo, solo por la fuerza de la gravedad.
- Cuando la mitad de mi pre-generación de profesores logró aplastar moralmente a la otra mitad (nosotros no pintábamos nada, tú calla y métete en clase, que para eso cobras, nos decían ambos bandos), empezaron las disfunciones del sistema. Aquel proyecto de lujo había que ejecutarlo con una economía de guerra, y los maravillosos recursos de apoyo se convirtieron el la orden tajante: "apóyelos usted", "atienda a la diversidad". Qué curioso, ahora se acababa el tuteo, cuando tocaba sacar de la nada los recursos, porque las cosas tenían que hacerse. Ahora empezaba el escalafón a funcionar, y las amenazas de expedientarte, y los requisitos hasta para entrar a mear más de dos veces al día...
- Nos cambiaron las reglas a mitad de partido, nos quieren imponer su práctica quienes jamás las usaron, pero, con el paso de la clase al despacho se "iluminaron", y, nosotros, que no tenemos estómago para trasladar la mala leche que ellos nos trasladan desde las presiones que les hacen. Como un viejo profesor dijo: "generación puente": pisados por arriba, mojados por abajo.
- Y, encima, si, vocación o no vocación, que hay mucha demagogia y sentimentalismo barato, se te revuelven las tripas cuando tienes delante aun chaval carente de las habilidades sociales y culturales más elementales, y tú las tienes y no pierdes nada porque él las adquiera.
- Y ahí empieza todo aquello para lo que no me entrenaron, pero que tampoco quieren entrenarme ahora, porque sería reconocer que están mintiendo con lo de los contingentes de especialistas que no hay y con que los planes de choque se resuelven con órdenes incumplibles, o meramente cosméticas, o acompañadas de cursillos en los que hay que espigar para encontrar una cosa interesante (por teórica sólida o por aplicable) entre una manta de experiencias que solo le salen a un tipo y que han fallado en quinientos sitios, o que tenía permiso para arrasar con todos los demás requisitos del inspector de turno.
- A modo de listita de necesidades de emergencia:
- Bases neurológicas de la lectoescritura (y no me digan que sirve lo que dan en Magisterio o en Psicopedagogía, que me da la risa, salvo que pillen una cuatrimestral con un tipo enrollado que se haya leído el ciento y la madre de textos y haya extractado el núcleo duro).
- Procesos de rehabilitación lectoescritora, en tres ámbitos:
- Alumnos con problemas en cura o no curados.
- Alumnos que han tirado la toalla y ya tienen deteriorada, por el paso del tiempo, la capacidad.
- Alumnos que sufren retraso curricular simple.
- Trabajo con alumnos que padecen algún tipo de deficiencia cognitiva o trastorno mental (que no me toquen las gónadas con los discursos inclusivos, esos ya me los estudié por mi cuenta en su momento, y ahora muerdo cuando el tiparraco de turno intenta venderme la moto en versión anticientífica).
- Trabajo con alumnos que sufren patologías de orden sociocultural (mismo paréntesis del anterior)
- Trabajo con alumnos emigrantes y sus dificultades con el idioma (y ruego que nadie me saque la basura de "programas", que los hay a patadas, pero dispersos en las diecisiete taifas, sin organizar, y sin atender a la formación de todos los profesores que van a lidiar con esa criatura para no convertirlo en un excluido comunicativo).
- Técnicas de modificación de conducta en ambiente heterogéneo (de las otras me las sé todas, me leo todo lo que me suministran, y mis fuentes ya saben que no cuelan tres paginitas con un recetario. De hecho, las fuentes de aprendizaje que últimamente tengo son:
- las tres psicólogas que forman ya parte de esta etapa de mi vida (el tercero es un zángano que me ve aparecer y huye, pero al que tengo tan presionado que se defiende soltándome documentos, que, para su desdicha, me leo y le obligo a cumplir en la parte que le toca, además de llevarle los niños medio diagnosticados -con el coraje que me da de hacer de psicopedagogo aficionado y meter las narices donde no entiendo-)
- el etólogo que se está ocupando de enseñarnos a reeducar y convivir con Booker, que es un coco de lo más interesante, y que se fue a los Estados Juntitos a hacer un máster (de los de verdad), de donde se vino con un conductismo (con bichos, por ahora, no vale el psicoanálisis, ni los enfoques cognitivos con ellos) de nuevo cuño, con una fuerte impronta sistémica. De hecho, es infinitamente menos agresivo (y eficaz a tope) con el perro de lo que estamos siendo en los institutos, y el bicho se vuelve una malva con cada técnica. Pero, teoría aparte, no me siento capaz de traducir sus técnicas, que no puedo aplicar a grupos, que es con lo que trabajo a diario.
- Modelos de reencuadramiento del sistema de enseñanza aprendizaje en forma de resistencia activa frente a los "educadores externos". En román paladino: que me digan cómo hago para que mi opinión en clase sobre la necesidad de expresarse con corrección "pese" un poquito más que la Belén Esteban.
- Cosas tan tontas como un manual de disortografía, en el que alguien me enumere los factores que inciden, aparte de los que me sé por experiencia pura y dura: el retraso curricular (que ya casi lo adivino), los trastornos disléxicos, que ya me los confirma el especialista (chulerías aparte),la falta de lectura, y la disolución/debilitamiento de oposiciones fonológicas, ya sean de origen dialectal o diastrático. Me falta el resto de panorama congnitivo y el conductual.
- Y otros millones de misterios tontos, que no sé cómo manejar, pero se me apolilla el post. Aunque no sé qué tal de tontos, que cuando planteo alguno de ellos me encuentro con un espeso silencio en el preguntado.
Que, a estas alturas de la película, con algún compañero que ha decidido aliarse con lo peorcito de la generación anterior, y esperar a que la jubilación llegue, yo sigo dispuesto a que me re-preparen. El único problema que tienen conmigo es que no soy un opositor a la espera de caerle bien a las directrices que sigue, por su gusto o no, el tribunal, ni un profesor en prácticas, de cuyo "sí, señor" depende tener o no con qué sustentarse él y los suyos: no tolero estupideces ni demagogias.
EXIJO una base teórica seria, con conexión demostrada a prácticas factibles, que no sea una carga extra a lo de siempre, sino que reformule los problemas. Y que combata contra los "educadores externos, que son los que marcan la pauta.
El resto, y fíjense bien en que he englobado a propósito el maremágnum legislativo en "La Reforma" (que ni siquiera fue el nombre completo del principio del invento), solo me parece una monumental estafa. Es más. Me recuerda un escándalo médico de finales del franquismo en el que un contubernio de empleados de un laboratorio, con algunos médicos y farmacéuticos "recetó", "fabricó" y "trató" con una supuesta penicilina que no llevaba más que los excipientes, y malos. Se descubrió porque un frasco se desvió accidentalmente y un "practicante" de la época dijo que aquella porquería grumosa que se formaba en el frasquito no la pinchaba, y lo mandó al laboratorio municipal.
Aquí estamos zampando talco por vía endovenosa a una generación entera. Del desastre absoluto solo nos salva que los jóvenes llevan el aprender en la sangre, y hay algunos que se dan cuenta de ello, a pesar de la morfina mediática. Pero estamos dejando un reguero de cadáveres a mayor gloria de la Europa de las dos velocidades y de los listillos de vía estrecha.
Me he dejado atrás a los profesores de la Generación Y a propósito, porque para eso tienen este post.
Y no, no me lavo las manos. No me dejaron (ni me dejan decidir), pero siento asco por mí mismo, por cada vez que no di un puñetazo en la mesa, por cada vez que no reventé un cursillo falsificado, por cada vez que no me enfrenté a un inspector exgiéndole garantías científicas y no órdenes, u órdenes por escrito.
Y. sí, hay gloriosas excepciones, a un lado y a otro de mi generación. Pero eso hoy no tocaba.
lunes, 11 de enero de 2016
Un práctico folleto, desgraciado en forma de libro. Ahora me explico por qué salía tan barato, y no era por afán de divulgar.
Me encontré con el libro mientras buscaba otra cosa, parecía prometedor y costaba lo que creo que debe valer un libro digital estándar: la décima parte de su correlato en papel, ya que no hay que imprimirlo, almacenarlo, transportarlo, etc., etc.
Ahora, Amazon me pide una reseña, y decido aprovechar la ocasión, porque pensaba hacerlo por extenso, pero no merece la pena. Me prometo a mí mismo dedicar un día a liarme con dos problemas que lastran al sistema educativo, por lo menos español, y que infectan a este libro (como a una legión de profesores y cuadros intermedios, tanto por "la derecha educativa" como por "la izquierda"):
a) el problema de la didáctica universitaria
b) el supuesto divorcio entre "tu materia" y "su didáctica" (ese último posesivo en doble sentido)
En principio, se presentaba como la reflexión de dos profesores que proponían enfrentarse al problema de la disciplina en el aula. Y desde ese comienzo, además, centrado en la Secundaria, aparecían reflexiones y consejos, llenos de sentido común, quizá un poco más sistematizables, pero interesantes para tener a mano. Como prometían ocuparse de los "casos especiales", esperaba al final el andamio que organizara todo. Cuando vi que se acababa el texto y que también, aunque lúcida, era una sucinta mención del problema
La cosa empezó a torcerse cuando, a medida que avanzaba el libro, empezaba a menudear que la práctica de volcar saberes sobre los alumnos es cosa de la Universidad. No sé lo que harían para aprobar sus carreras, pero creo que no aprendieron a distinguir los buenos de los malos de los profesores que tuvieron... y mucho menos de que, por acción u omisión, hasta dirigir una tesis exige didáctica. A mitad del libro se envalentonan y todo lo que no les place se convierte, sin explicación en "academicismo" (un autor era de Filosofía, podía haber recordado los jardines de Academo), y automáticamente sobra.
Más adelante, llegan las competencias, cómo no. Personalmente esperaba que, o bien la mención en el título era un truquete para que colara en el dichoso mercado editorial, o bien establecían el puente (lo cual me hubiera hecho dar saltos de alegría. Pero no. Esa parte se componía de una encendida defensa (porque sí) de principios que todos sabemos ("todos hemos de trabajar con todas las competencias") y otra de la estabilidad normativa, frente a la común creencia de lo contrario. La pirueta dialéctica para "demostrarlo" obvia el menudeo de órdenes y contraórdenes y carga contra las "programaciones de editorial", obviando las "programaciones de inspección" o "a prueba de reclamaciones peregrinas". Nefasta la ignorancia sobre el papel de los contenidos en la enseñanza, que van derechos al cubo de la basura. Resulta que no hay ni uno de ellos que sirva (ni los que en tiempos LOGSE se marcaron como "procedimentales"), todo viene en la wikipedia, y se afirma más de tres y cuatro veces que, a fuerza de "usarlos", los "importantes" se memorizan automáticamente. Hasta los más conspicuos defensores del aprendizaje por proyectos (que parece entreverse en los ideologemas que se trata de introducir) intentan demostrar semejante falacia, de una u otra manera, más o menos cietífica, práctica, "evidente" o elegante. Aquí, está dada por supuesta.
Más tristeza da todavía que metan en el mismo saco todo lo que significa examen: con tal de que esté en un folio en blanco y que haya que rellenar por escrito, ya es un ejercicio memorístico que no llega a ninguna parte. Y que desmotiva por ser en folio y por escrito. Debo de ser el único profesor del Universo al que le llueven las reclamaciones por no preguntar "vomita esto" y sin embargo pedir comparaciones o formas de solucionar una paradoja, con la premisa de que no hay respuesta "acertada" (al menos al nivel que se maneja un alumno de un determinado curso). Por cierto, muy pobre manejo tanto de explicaciones como de cantidad de caminos alternativos a la "odiosa" clase magistral. Parece que con condenarlas y culparlas de la desmotivación todo está servido.
Y la traca final: ¡Había una bibliografía tras el texto! Muy de Enseñanza Media, pero de trabajo de alumno, o de mal trabajo universitario, tal que la de esos titulares de Universidad que, tras refreír sus apuntes de estudiantes, adornan la programación con textos incompatibles a lo que proponen como temario. No sé en este caso la coherencia, porque ni me he molestado en contrastar. Si una persona coloca una bibliografía, es porque la ha usado, y entonces la ha referenciado en el texto. La otra alternativa es comentar la importancia de los textos citados, tanto para qué les ha servido como para qué le pueden servir al lector, cosa que muchos buenos autores de Enseñanza Media hacen en sus libros de didáctica.
En cuanto al estilo de escritura, ramploncete y tópico.
Dado el escaso beneficio (y las grandes complicaciones fiscales) que a un autor ocasional da la publicación oficial, probablemente hubiera sido mucho más beneficioso, hasta económicamente, reunir lo genuino de las experiencias de los autores, haber reflexionado un poco más para estructurarlas de forma más coherente y lógica y "liberarlo" en un documento PDF gratuito, que, del "pantalla a teclado" les hubiera proporcionado algún encargo de cursillo o similar.
Ahora, Amazon me pide una reseña, y decido aprovechar la ocasión, porque pensaba hacerlo por extenso, pero no merece la pena. Me prometo a mí mismo dedicar un día a liarme con dos problemas que lastran al sistema educativo, por lo menos español, y que infectan a este libro (como a una legión de profesores y cuadros intermedios, tanto por "la derecha educativa" como por "la izquierda"):
a) el problema de la didáctica universitaria
b) el supuesto divorcio entre "tu materia" y "su didáctica" (ese último posesivo en doble sentido)
Antonio Fonseca Morales y Andrés Carmona Campo: Profesor de Secundaria: Claves para lograr la autoridad en el aula educando por competencias. Edición de autor.
En principio, se presentaba como la reflexión de dos profesores que proponían enfrentarse al problema de la disciplina en el aula. Y desde ese comienzo, además, centrado en la Secundaria, aparecían reflexiones y consejos, llenos de sentido común, quizá un poco más sistematizables, pero interesantes para tener a mano. Como prometían ocuparse de los "casos especiales", esperaba al final el andamio que organizara todo. Cuando vi que se acababa el texto y que también, aunque lúcida, era una sucinta mención del problema
La cosa empezó a torcerse cuando, a medida que avanzaba el libro, empezaba a menudear que la práctica de volcar saberes sobre los alumnos es cosa de la Universidad. No sé lo que harían para aprobar sus carreras, pero creo que no aprendieron a distinguir los buenos de los malos de los profesores que tuvieron... y mucho menos de que, por acción u omisión, hasta dirigir una tesis exige didáctica. A mitad del libro se envalentonan y todo lo que no les place se convierte, sin explicación en "academicismo" (un autor era de Filosofía, podía haber recordado los jardines de Academo), y automáticamente sobra.
Más adelante, llegan las competencias, cómo no. Personalmente esperaba que, o bien la mención en el título era un truquete para que colara en el dichoso mercado editorial, o bien establecían el puente (lo cual me hubiera hecho dar saltos de alegría. Pero no. Esa parte se componía de una encendida defensa (porque sí) de principios que todos sabemos ("todos hemos de trabajar con todas las competencias") y otra de la estabilidad normativa, frente a la común creencia de lo contrario. La pirueta dialéctica para "demostrarlo" obvia el menudeo de órdenes y contraórdenes y carga contra las "programaciones de editorial", obviando las "programaciones de inspección" o "a prueba de reclamaciones peregrinas". Nefasta la ignorancia sobre el papel de los contenidos en la enseñanza, que van derechos al cubo de la basura. Resulta que no hay ni uno de ellos que sirva (ni los que en tiempos LOGSE se marcaron como "procedimentales"), todo viene en la wikipedia, y se afirma más de tres y cuatro veces que, a fuerza de "usarlos", los "importantes" se memorizan automáticamente. Hasta los más conspicuos defensores del aprendizaje por proyectos (que parece entreverse en los ideologemas que se trata de introducir) intentan demostrar semejante falacia, de una u otra manera, más o menos cietífica, práctica, "evidente" o elegante. Aquí, está dada por supuesta.
Más tristeza da todavía que metan en el mismo saco todo lo que significa examen: con tal de que esté en un folio en blanco y que haya que rellenar por escrito, ya es un ejercicio memorístico que no llega a ninguna parte. Y que desmotiva por ser en folio y por escrito. Debo de ser el único profesor del Universo al que le llueven las reclamaciones por no preguntar "vomita esto" y sin embargo pedir comparaciones o formas de solucionar una paradoja, con la premisa de que no hay respuesta "acertada" (al menos al nivel que se maneja un alumno de un determinado curso). Por cierto, muy pobre manejo tanto de explicaciones como de cantidad de caminos alternativos a la "odiosa" clase magistral. Parece que con condenarlas y culparlas de la desmotivación todo está servido.
Y la traca final: ¡Había una bibliografía tras el texto! Muy de Enseñanza Media, pero de trabajo de alumno, o de mal trabajo universitario, tal que la de esos titulares de Universidad que, tras refreír sus apuntes de estudiantes, adornan la programación con textos incompatibles a lo que proponen como temario. No sé en este caso la coherencia, porque ni me he molestado en contrastar. Si una persona coloca una bibliografía, es porque la ha usado, y entonces la ha referenciado en el texto. La otra alternativa es comentar la importancia de los textos citados, tanto para qué les ha servido como para qué le pueden servir al lector, cosa que muchos buenos autores de Enseñanza Media hacen en sus libros de didáctica.
En cuanto al estilo de escritura, ramploncete y tópico.
Dado el escaso beneficio (y las grandes complicaciones fiscales) que a un autor ocasional da la publicación oficial, probablemente hubiera sido mucho más beneficioso, hasta económicamente, reunir lo genuino de las experiencias de los autores, haber reflexionado un poco más para estructurarlas de forma más coherente y lógica y "liberarlo" en un documento PDF gratuito, que, del "pantalla a teclado" les hubiera proporcionado algún encargo de cursillo o similar.
martes, 5 de enero de 2016
Amicius Plato, sed magis amica veritas.
En plan compadre: "Yo amiguísimo de Platón, pero la verdad es más amiga mía.
En cambio, a mí, Platón me cae como un tiro. Lo tengo formalmente acusado de provocarme un ataque de fanatismo autodestructivo que me duró siglos y que ha dejado cicatrices indelebles en mi existencia.
Probablemente, la criatura no tuviera la culpa, pero a los 18 mi lema era: "para mí el mundo de la Ideas es más sólido y consistente que el de la realidad tangible. Y ahora calculen una vida posadolescente montada sobre esos presupuestos.
El peor sitio para guardar un secreto es un instituto. Un día en que solamente pedía silencio para trabajar, no vigilaba un examen de bachillerato (voy a tener que empezar a hacerlo, a ver si dejan de copiar estupideces y les da por emplear la cabeza, con lo que podré aprobar a alguien que se moleste en pensar que no puede copiarme la chuleta sobre la vida del [supuesto] Arcipreste de Hita en la respuesta a la originalidad de Jorge Manrique), me dio por abrir un archivo del PC que se habían dejado encendido, donde había unos apuntes de Filosofía.
Justo castigo por cotilla. Platón por un tubo. Entre otras cosas, un primer folio de panegírico altisonante y hueco que no llevaba a ninguna parte, y en el que citaba como fuente de actualidad esa basura llamada Más Platón y menos Prozac, que, dentro de los libros de autoayuda, que no desprecio en absoluto, rompe totalmente con la regla: por malo que sea, la idea que se plantea el autor para hacerte la vida más feliz es una, concreta y simple. Luego será buena, mala, así o asao... En el caso de esto es una mezcla de aforismos de filósofos, perfectamente incompatibles entre sí, que se supone que hay que sacar en según qué casos.
Ahora es el momento de sacar al platónico. La primera en la frente: reunión en la que se refiere displicentemente a las bases científicas en que baso mi enfoque de la asignatura. En un aparte, me pide la tutora que no saque conclusiones precipitadas (lo malo es que, tras tres meses, sigo recibiendo muestras de ello). La segunda: acepto apuntarme a una salida al teatro que ni fu ni fa, aunque me sirvió para asomarme al corazón de la tiniebla (Conrad, Conrad) o a las tinieblas de los corazones que laten en el lugar.
Pero, días antes, en un aparte de sala de profesores, al expresar cómo se me daba un ardite la normativa de andar por casa, en función del respeto a la ciencia y a la misión de enseñar, el mismo me aconsejó prudencia, que no sabía con quién podía estar hablando. Desde luego, como no sea agente del CNI, no sé en qué me va afectar, porque estar de profe raso en un centro de barrio y no en un despacho oficial o en una empresa que maneja contratos oficiales no es que revele grandes oportunidades de poder...
Si no fuera por lo ridículo que suena en mi boca (y en cualquiera), le hubiera soltado aquello de "eso no lo habia oído desde pequeño, que Franco seguía vivo".
Eso sí, he decidido empezar a medicarlo contra la displicencia. Por lo menos, que la exprese a mis espaldas. Bastante tengo con soportarme mi propia chulería como para aguantar la de otro en mi vida. Ya me ha examinado de Wittgenstein, al que recita pero no ha entendido, a Platón no me presenté por lo antedicho, y, tras decir que se había leído todo Freud (lo mismo esa es la causa de que esté así), como no me ha preguntado, no sé si me ha pospuesto el examen. Un día antes, me preguntó, ante otro compañero, tras dejar claro que todos evolucionamos, si me había moderado con la edad, a lo que respondí: "el tiempo me ha vuelto de moderado en incendiario y aquí estoy, con la lata de gasolina en la mano". No le dio tiempo más que a poner cara de divertido, mientras me pareció que el compañero se sonreía ante la sorpresa del ingenioso mientras se concentraba repentinamente ante su ordenador.
Pero, mira por dónde, saco a colación a Teresa Bejarano y, sin rebozo, empieza a crucificarla, hasta que le recuerdo que probablemente nadie de la Universidad de Sevilla tiene nada publicado en la Johns Hopkins, salvo ella, aparte de la aportación que supuso su tesis, y su doble matrícula de honor en los bachilleratos de Ciencias y Letras simultáneos. De camino, aproveché para recordar, ya que había mencionado despectivamente el "desastre de mujer" que era, las risas de los niñatos de 3º de mi promoción, al juzgar solamente su aspecto exterior.
Lo mismo tiene razón, y conviene saber con quién está hablando uno, por fea que suene la frase.
En cambio, a mí, Platón me cae como un tiro. Lo tengo formalmente acusado de provocarme un ataque de fanatismo autodestructivo que me duró siglos y que ha dejado cicatrices indelebles en mi existencia.
Probablemente, la criatura no tuviera la culpa, pero a los 18 mi lema era: "para mí el mundo de la Ideas es más sólido y consistente que el de la realidad tangible. Y ahora calculen una vida posadolescente montada sobre esos presupuestos.
El peor sitio para guardar un secreto es un instituto. Un día en que solamente pedía silencio para trabajar, no vigilaba un examen de bachillerato (voy a tener que empezar a hacerlo, a ver si dejan de copiar estupideces y les da por emplear la cabeza, con lo que podré aprobar a alguien que se moleste en pensar que no puede copiarme la chuleta sobre la vida del [supuesto] Arcipreste de Hita en la respuesta a la originalidad de Jorge Manrique), me dio por abrir un archivo del PC que se habían dejado encendido, donde había unos apuntes de Filosofía.
Justo castigo por cotilla. Platón por un tubo. Entre otras cosas, un primer folio de panegírico altisonante y hueco que no llevaba a ninguna parte, y en el que citaba como fuente de actualidad esa basura llamada Más Platón y menos Prozac, que, dentro de los libros de autoayuda, que no desprecio en absoluto, rompe totalmente con la regla: por malo que sea, la idea que se plantea el autor para hacerte la vida más feliz es una, concreta y simple. Luego será buena, mala, así o asao... En el caso de esto es una mezcla de aforismos de filósofos, perfectamente incompatibles entre sí, que se supone que hay que sacar en según qué casos.
Ahora es el momento de sacar al platónico. La primera en la frente: reunión en la que se refiere displicentemente a las bases científicas en que baso mi enfoque de la asignatura. En un aparte, me pide la tutora que no saque conclusiones precipitadas (lo malo es que, tras tres meses, sigo recibiendo muestras de ello). La segunda: acepto apuntarme a una salida al teatro que ni fu ni fa, aunque me sirvió para asomarme al corazón de la tiniebla (Conrad, Conrad) o a las tinieblas de los corazones que laten en el lugar.
Pero, días antes, en un aparte de sala de profesores, al expresar cómo se me daba un ardite la normativa de andar por casa, en función del respeto a la ciencia y a la misión de enseñar, el mismo me aconsejó prudencia, que no sabía con quién podía estar hablando. Desde luego, como no sea agente del CNI, no sé en qué me va afectar, porque estar de profe raso en un centro de barrio y no en un despacho oficial o en una empresa que maneja contratos oficiales no es que revele grandes oportunidades de poder...
Si no fuera por lo ridículo que suena en mi boca (y en cualquiera), le hubiera soltado aquello de "eso no lo habia oído desde pequeño, que Franco seguía vivo".
Eso sí, he decidido empezar a medicarlo contra la displicencia. Por lo menos, que la exprese a mis espaldas. Bastante tengo con soportarme mi propia chulería como para aguantar la de otro en mi vida. Ya me ha examinado de Wittgenstein, al que recita pero no ha entendido, a Platón no me presenté por lo antedicho, y, tras decir que se había leído todo Freud (lo mismo esa es la causa de que esté así), como no me ha preguntado, no sé si me ha pospuesto el examen. Un día antes, me preguntó, ante otro compañero, tras dejar claro que todos evolucionamos, si me había moderado con la edad, a lo que respondí: "el tiempo me ha vuelto de moderado en incendiario y aquí estoy, con la lata de gasolina en la mano". No le dio tiempo más que a poner cara de divertido, mientras me pareció que el compañero se sonreía ante la sorpresa del ingenioso mientras se concentraba repentinamente ante su ordenador.
Pero, mira por dónde, saco a colación a Teresa Bejarano y, sin rebozo, empieza a crucificarla, hasta que le recuerdo que probablemente nadie de la Universidad de Sevilla tiene nada publicado en la Johns Hopkins, salvo ella, aparte de la aportación que supuso su tesis, y su doble matrícula de honor en los bachilleratos de Ciencias y Letras simultáneos. De camino, aproveché para recordar, ya que había mencionado despectivamente el "desastre de mujer" que era, las risas de los niñatos de 3º de mi promoción, al juzgar solamente su aspecto exterior.
Lo mismo tiene razón, y conviene saber con quién está hablando uno, por fea que suene la frase.
"Ciencia Aria", digo, autonómica
Mientras voy redactando la entrada, no se pierdan esta perla del collar que va a estrangularnos por estupidez.
PISA, Finlandia, pisa con garbo...
Ahora va y resulta que todos los especialistas en educación españoles (quiero decir, todos los españoles, que junto al seleccionador de fútbol, venimos al mundo con una cátedra de Didáctica de serie), salvo cuatro o cinco, están de luto porque Finlandia se ha caído por debajo del puesto 10 del nuevo informe. Alguno hasta se asusta de que estén cambiando el enfoque de su modelo. Debería enlazar aquí el texto del plumilla que ha puesto esto en medio folio, pero me disculparán, que ya voy muy retrasado con las correcciones, y dice poco más de eso que les refiero. Bueno, no era tan complicado: aquí va. Y, bueno, alguna pista interesante puede dar.
No era para tanto
Salvo algún tipo que necesitara la medallita para vender algo o a sí mismo, la mayoría de los profesionales de la educación fineses (manía de la gente de escribir "finlandeses", con lo cultureta que queda decir esto segundo), tanto de la gestión como a pie de aula, no se despeinaron antes ni se despeinarán ahora. Tienen muy claro que lo que quieren son alumnos bien preparados, que la cantidad de pasta de madera que pueden vender es limitada, salvo que se carguen sus bosques, y que el chollo de Nokia caducó, y que si no quieren regresar a la muy miserable vida de hace siglo y pico, necesitan estar listos para cuando salte cualquier liebre, e incluso para inventarse una liebre que salte. No es que me haya puesto economicista, es que, junto con mi preocupación por aspectos educativos sagrados para mí, tengo la de que he podido comprobar, recreo tras recreo en mi vida, que los chavales no han perdido el vicio de comer.
Sencillamente, cuando vieron aquel nº 1, decidieron que era hora de seguir trabajando. Solamente les deseo que hayan encontrado la manera de rentabilizar económicamente la "finlanditis" y las peregrinaciones a sus escuelas. A mí, francamente, una conferencia de un catedrático (amigo de los organizadores, al que metieron en el brete de explicar, gratis o a cambio de plaquita, no recuerdo, la cuestión), a la que fueron cuatro gatos, me dejó muy claro que el misterio estaba en que todo el mundo en el frío país opinaba poco sobre lo que debieran hacer los demás y trabajaba mucho en su tarea.
Fue un sobresaliente con chuleta
El enfoque que ahora tienen, y que van a retocar, estaba basado en las competencias, en el "aprender a aprender" y otras cuestiones adyacentes tan importantes como necesarias de complementación. Y los tipos de la OCDE necesitaban un examen que les valiera para todos los países y planes de estudio (como no me apetece ponerme un chándal y hace frío en la calle, no usaré "curriculum", que latín sé), por ahí circulaba el Informe Delors, Perrenoud no sé si tuvo tiempo de influir en la redacción de la prueba, pero el caso es que optaron por tirar por ese camino. Se lo pusieron a huevo.
Me imagino que a nadie le amarga un dulce, y debió de ser interesante recibir tanta tele y tanta visita.
Por otra parte, lo que nadie contó fue que no era oro todo o que relucía, y servidor no era precisamente bien recibido cuando sacaba a la luz el informe de la Sociedad Finesa de Matemáticas, que decía poco menos que tenían que enseñar la tabla de multiplicar a sus futuros ingenieros cuando entraban en la Facultad, ni cuando mencionaba los índices de suicidio, alcoholismo o violencia de género. Ellos lo sabían, y seguían trabajando en mejorar.
La gilipollez finólatra ya la he experimentado yo, cuando mi actual director, honorable titulado en... (publicaciones y todo, ojo), transmutado en Catedrático de Pedagogía Correctiva, me indicó que la hora semanal de atención a alumnos que no sabían leer ni escribir debía estructurarla sacando alumnos individualmente media hora, de forma rotatoria, que era un sistema de Finlandia muy bueno para la mejora. Los chavales, tocando solo los casos desesperados, caben a dos visitas al año. Todavía estoy esperando las referencias bibliográficas, como las está esperando una amiga orientadora del inspector que le soltó la misma sandez, igual de indocumentada. El problema es que, al igual que los sargentos chusqueros de la vieja mili (nada que ver con lo que sale de la actual academia de Tremp, que solo exige titulación básica para entrar, pero cuyo examen de ingreso apunta ligeramente más alto), aquí las argumentaciones científicas terminan en el momento en que un superior deposita sus atributos genitales sobre la mesa. Eso sí, en ambos casos, los fachas éramos los que estábamos sentados recibiendo órdenes. Y encima, ahora no cabe cantar La Estaca.
Los nuevos sobresalientes no molan
Los nuevos son los "tigres asiáticos". Sistemas en los que el componente de sacrificio de los chavales es tan brutal, la presión de las familias y conocidos es tan asfixiante, que solo sus rígidos códigos de honor explican que el nivel de suicidios (esta vez, específicamente adolescentes) no esté multiplicado por diez. Ya era pintoresca la "finlanditis" de suyo, pero ese ominoso silencio sobre los números dos al diez del campeonato era para echarse a reír.
Ahora han desplazado a Finlandia, aunque dudo que lloren allí por las esquinas por ello, salvo los hoteleros del "turismo didáctico": debieron haber espabilado, ponerse en contacto con los operadores turísticos, y montar "paquetes", ya fuera para vender a administraciones educativas, consorcios privados y curiosos varios. Vamos, lo mismo que en la hermosa Escocia, entre campo y campo de lavanda, el del tour te endosa la visita a la destilería (con cata de buen pero escaso culín de "agua de vida"), aquí un montaje de "cole-bosque-entrevista con profes y papis-avistamiento de renos", eso sí, dejando un salón isonorizado para el jolgorio nocturno a la española, que allí los borrachuzos se machacan el hígado en silencio.
Claro, tiene su explicación. En primer lugar, el sistema finés tiene implantadas en serio esas bromas que a nosotros nos obligan a llamar "integración", "adaptación", "implicación familiar", etc., que tan bonito suena a todo el mundo. Repítelo mucho, en plan mantra, y ya sabes lo que tienes que hacer. Por otra parte, entre el cuento de la crisis y la protesta por los recortes, ya se sabe que es culpa de otros que en nuestras clases no haya una cocinita para que los niños aprendan a guisar (que me parece estupendo, por materia, competencias y... porque, trabajo mal hecho, bazofia que te almuerzas, que mamá, como te examinabas, no te preparó la tarterita ). La culpa era de la falta de recursos, y nadie mencionaba que las sartenes solamente había que reponerlas cuando la baquelita del mango se deshacía de vieja. Qué poquito se hablaba del semáforo que había en los comedores para advertir del nivel de ruido, y que un profesor comía con sus chavales no por colegueo, sino para reñirles por sorber la sopa o intentar agarrar la chuleta por el hueso y liarse a mordiscos. Eso no molaba, y se olvidaba. Canten otra vez La Estaca, que ahora mandan los hijos ideológicos (que no biológicos) de los que la cantaban, que aquí parece que el único franquista que había en España era Franco... y todo aquel que lleve la contraria a los "políticamente correctos".
Pero los "tigres asiáticos", que no tienen complejo de venir de una tradición previa de miseria y abandono, que no entienden de Estado del Bienestar que valga ni de socialdemocracia (valores estos últimos a los que yo me niego a renunciar), se han dejado de terminología y dicen desnudamente lo que se ha ocultado de Finlandia, encima en bestia: "leña al mono". La feroz moral privado-pública calvinista del frío país se ha cambiado por la obligación de honrar la memoria de los antepasados, al precio que sea: seis horitas de clase más deberes por la mañana, cuatro horitas de clase en la academia por la tarde, también con deberes. Eso si eres de sobresaliente en tus notas, si no, respira la mitad de veces y con la otra mitad subes del notable. ¿Suicidios juveniles? Un impuesto asumible. Si tu nene no te honra accediendo a la mejor facultad, tiene la valentía de suprimir su miserable existencia, lo cual limpia la mancha sobre la familia. Vaya, creo que eso no vende. No sé por qué pero me huele que los demagogos de la cosa van a enterrar este PISA bajo cien capas, usando los argumentos de la relatividad de los estudios estadísticos... que hasta ayer eran sagrados.
Aprender a copiar
Servidor de ustedes, si se mueve por los pasillos de la clase en un examen, es para no aburrirse. Aunque, por disciplina, si pillo a alguien con una chuleta, activo el protocolo, siempre cuento en clase el caso de aquella chavala a la que descubrí copiando exactamente lo contrario de lo que preguntaba, a la que dejé desbarrar a placer sobre el papel, encima comiéndose el tiempo de otras preguntas en las que a lo mejor recordaba algo útil o tenía chuleta correcta. No es extraño verme tachando folios enteros de verborrea del libro, y anotando al margen (si lo deja) NO RESPONDE EN NADA A LO QUE SE PREGUNTA. Uno de mis grandes éxitos es el "examen con libro, apuntes y lo que quieran traerse de casa". Resultado habitual: un puñadito de sobresalientes-notables y una larga rociada de suspensos, no por copiar literal y acríticamente (que sería sobrado delito), sino por calcar en una pregunta sobre la superficie de los triángulos la fórmula de la medida de la circunferencia.
Claro, entenderán que no me extrañe de que los alumnos, papás, tutores, departamentos... me presionen de las menos sutiles de las maneras. Si los "formadores de opinión", que si entienden de economía y política lo que de sistemas educativos, ya sé por qué el único avance desde la España que Larra llorara es la llegada del smartphone, son tan producto de la tierra como los presionadores que de mí se ocupan, ya sé el remedio que espera al sistema educativo en Las Batuecas.
Y eso que no me han llamado todavía a capítulo en Inspección, pero allí me trituran, seguro. No es una suposición: los he visto actuar en mi antiguo centro en una Inspección para Mejora de Resultados. Y mi nuevo destino acaba de pasar por ella, ¡y cómo se nota! Y eso que los Sres. inspectores van muy de cuerpo facultativo. Así que, si subimos a los cargos políticos... adivinen cómo van a copiar.
Dedicatoria
Profesor Marina, con quien en tanto estoy de acuerdo y con quien en tanto disiento: la mayor torpeza que ha cometido usted en su vida ha sido aceptar el encargo envenenado del ministro unamunicida. Todavía no está redactada ni una página de su Libro Blanco y ya tiene en contra a todo el mundo. El PP lo está utilizando de forma miserable (no le van a hacer, si lo dejan publicar el texto, ni puñetero caso), y sus antes valedores del PSOE lo van a triturar como intelectual. El resto de partidos y corrientes ideológicas, todavía peor. Haga caso de este puer senilis cincuentón.
No era para tanto
Salvo algún tipo que necesitara la medallita para vender algo o a sí mismo, la mayoría de los profesionales de la educación fineses (manía de la gente de escribir "finlandeses", con lo cultureta que queda decir esto segundo), tanto de la gestión como a pie de aula, no se despeinaron antes ni se despeinarán ahora. Tienen muy claro que lo que quieren son alumnos bien preparados, que la cantidad de pasta de madera que pueden vender es limitada, salvo que se carguen sus bosques, y que el chollo de Nokia caducó, y que si no quieren regresar a la muy miserable vida de hace siglo y pico, necesitan estar listos para cuando salte cualquier liebre, e incluso para inventarse una liebre que salte. No es que me haya puesto economicista, es que, junto con mi preocupación por aspectos educativos sagrados para mí, tengo la de que he podido comprobar, recreo tras recreo en mi vida, que los chavales no han perdido el vicio de comer.
Sencillamente, cuando vieron aquel nº 1, decidieron que era hora de seguir trabajando. Solamente les deseo que hayan encontrado la manera de rentabilizar económicamente la "finlanditis" y las peregrinaciones a sus escuelas. A mí, francamente, una conferencia de un catedrático (amigo de los organizadores, al que metieron en el brete de explicar, gratis o a cambio de plaquita, no recuerdo, la cuestión), a la que fueron cuatro gatos, me dejó muy claro que el misterio estaba en que todo el mundo en el frío país opinaba poco sobre lo que debieran hacer los demás y trabajaba mucho en su tarea.
Fue un sobresaliente con chuleta
El enfoque que ahora tienen, y que van a retocar, estaba basado en las competencias, en el "aprender a aprender" y otras cuestiones adyacentes tan importantes como necesarias de complementación. Y los tipos de la OCDE necesitaban un examen que les valiera para todos los países y planes de estudio (como no me apetece ponerme un chándal y hace frío en la calle, no usaré "curriculum", que latín sé), por ahí circulaba el Informe Delors, Perrenoud no sé si tuvo tiempo de influir en la redacción de la prueba, pero el caso es que optaron por tirar por ese camino. Se lo pusieron a huevo.
Me imagino que a nadie le amarga un dulce, y debió de ser interesante recibir tanta tele y tanta visita.
Por otra parte, lo que nadie contó fue que no era oro todo o que relucía, y servidor no era precisamente bien recibido cuando sacaba a la luz el informe de la Sociedad Finesa de Matemáticas, que decía poco menos que tenían que enseñar la tabla de multiplicar a sus futuros ingenieros cuando entraban en la Facultad, ni cuando mencionaba los índices de suicidio, alcoholismo o violencia de género. Ellos lo sabían, y seguían trabajando en mejorar.
La gilipollez finólatra ya la he experimentado yo, cuando mi actual director, honorable titulado en... (publicaciones y todo, ojo), transmutado en Catedrático de Pedagogía Correctiva, me indicó que la hora semanal de atención a alumnos que no sabían leer ni escribir debía estructurarla sacando alumnos individualmente media hora, de forma rotatoria, que era un sistema de Finlandia muy bueno para la mejora. Los chavales, tocando solo los casos desesperados, caben a dos visitas al año. Todavía estoy esperando las referencias bibliográficas, como las está esperando una amiga orientadora del inspector que le soltó la misma sandez, igual de indocumentada. El problema es que, al igual que los sargentos chusqueros de la vieja mili (nada que ver con lo que sale de la actual academia de Tremp, que solo exige titulación básica para entrar, pero cuyo examen de ingreso apunta ligeramente más alto), aquí las argumentaciones científicas terminan en el momento en que un superior deposita sus atributos genitales sobre la mesa. Eso sí, en ambos casos, los fachas éramos los que estábamos sentados recibiendo órdenes. Y encima, ahora no cabe cantar La Estaca.
Los nuevos sobresalientes no molan
Los nuevos son los "tigres asiáticos". Sistemas en los que el componente de sacrificio de los chavales es tan brutal, la presión de las familias y conocidos es tan asfixiante, que solo sus rígidos códigos de honor explican que el nivel de suicidios (esta vez, específicamente adolescentes) no esté multiplicado por diez. Ya era pintoresca la "finlanditis" de suyo, pero ese ominoso silencio sobre los números dos al diez del campeonato era para echarse a reír.
Ahora han desplazado a Finlandia, aunque dudo que lloren allí por las esquinas por ello, salvo los hoteleros del "turismo didáctico": debieron haber espabilado, ponerse en contacto con los operadores turísticos, y montar "paquetes", ya fuera para vender a administraciones educativas, consorcios privados y curiosos varios. Vamos, lo mismo que en la hermosa Escocia, entre campo y campo de lavanda, el del tour te endosa la visita a la destilería (con cata de buen pero escaso culín de "agua de vida"), aquí un montaje de "cole-bosque-entrevista con profes y papis-avistamiento de renos", eso sí, dejando un salón isonorizado para el jolgorio nocturno a la española, que allí los borrachuzos se machacan el hígado en silencio.
Claro, tiene su explicación. En primer lugar, el sistema finés tiene implantadas en serio esas bromas que a nosotros nos obligan a llamar "integración", "adaptación", "implicación familiar", etc., que tan bonito suena a todo el mundo. Repítelo mucho, en plan mantra, y ya sabes lo que tienes que hacer. Por otra parte, entre el cuento de la crisis y la protesta por los recortes, ya se sabe que es culpa de otros que en nuestras clases no haya una cocinita para que los niños aprendan a guisar (que me parece estupendo, por materia, competencias y... porque, trabajo mal hecho, bazofia que te almuerzas, que mamá, como te examinabas, no te preparó la tarterita ). La culpa era de la falta de recursos, y nadie mencionaba que las sartenes solamente había que reponerlas cuando la baquelita del mango se deshacía de vieja. Qué poquito se hablaba del semáforo que había en los comedores para advertir del nivel de ruido, y que un profesor comía con sus chavales no por colegueo, sino para reñirles por sorber la sopa o intentar agarrar la chuleta por el hueso y liarse a mordiscos. Eso no molaba, y se olvidaba. Canten otra vez La Estaca, que ahora mandan los hijos ideológicos (que no biológicos) de los que la cantaban, que aquí parece que el único franquista que había en España era Franco... y todo aquel que lleve la contraria a los "políticamente correctos".
Pero los "tigres asiáticos", que no tienen complejo de venir de una tradición previa de miseria y abandono, que no entienden de Estado del Bienestar que valga ni de socialdemocracia (valores estos últimos a los que yo me niego a renunciar), se han dejado de terminología y dicen desnudamente lo que se ha ocultado de Finlandia, encima en bestia: "leña al mono". La feroz moral privado-pública calvinista del frío país se ha cambiado por la obligación de honrar la memoria de los antepasados, al precio que sea: seis horitas de clase más deberes por la mañana, cuatro horitas de clase en la academia por la tarde, también con deberes. Eso si eres de sobresaliente en tus notas, si no, respira la mitad de veces y con la otra mitad subes del notable. ¿Suicidios juveniles? Un impuesto asumible. Si tu nene no te honra accediendo a la mejor facultad, tiene la valentía de suprimir su miserable existencia, lo cual limpia la mancha sobre la familia. Vaya, creo que eso no vende. No sé por qué pero me huele que los demagogos de la cosa van a enterrar este PISA bajo cien capas, usando los argumentos de la relatividad de los estudios estadísticos... que hasta ayer eran sagrados.
Aprender a copiar
Servidor de ustedes, si se mueve por los pasillos de la clase en un examen, es para no aburrirse. Aunque, por disciplina, si pillo a alguien con una chuleta, activo el protocolo, siempre cuento en clase el caso de aquella chavala a la que descubrí copiando exactamente lo contrario de lo que preguntaba, a la que dejé desbarrar a placer sobre el papel, encima comiéndose el tiempo de otras preguntas en las que a lo mejor recordaba algo útil o tenía chuleta correcta. No es extraño verme tachando folios enteros de verborrea del libro, y anotando al margen (si lo deja) NO RESPONDE EN NADA A LO QUE SE PREGUNTA. Uno de mis grandes éxitos es el "examen con libro, apuntes y lo que quieran traerse de casa". Resultado habitual: un puñadito de sobresalientes-notables y una larga rociada de suspensos, no por copiar literal y acríticamente (que sería sobrado delito), sino por calcar en una pregunta sobre la superficie de los triángulos la fórmula de la medida de la circunferencia.
Claro, entenderán que no me extrañe de que los alumnos, papás, tutores, departamentos... me presionen de las menos sutiles de las maneras. Si los "formadores de opinión", que si entienden de economía y política lo que de sistemas educativos, ya sé por qué el único avance desde la España que Larra llorara es la llegada del smartphone, son tan producto de la tierra como los presionadores que de mí se ocupan, ya sé el remedio que espera al sistema educativo en Las Batuecas.
Y eso que no me han llamado todavía a capítulo en Inspección, pero allí me trituran, seguro. No es una suposición: los he visto actuar en mi antiguo centro en una Inspección para Mejora de Resultados. Y mi nuevo destino acaba de pasar por ella, ¡y cómo se nota! Y eso que los Sres. inspectores van muy de cuerpo facultativo. Así que, si subimos a los cargos políticos... adivinen cómo van a copiar.
Dedicatoria
Profesor Marina, con quien en tanto estoy de acuerdo y con quien en tanto disiento: la mayor torpeza que ha cometido usted en su vida ha sido aceptar el encargo envenenado del ministro unamunicida. Todavía no está redactada ni una página de su Libro Blanco y ya tiene en contra a todo el mundo. El PP lo está utilizando de forma miserable (no le van a hacer, si lo dejan publicar el texto, ni puñetero caso), y sus antes valedores del PSOE lo van a triturar como intelectual. El resto de partidos y corrientes ideológicas, todavía peor. Haga caso de este puer senilis cincuentón.
Educación sin fronteras (de edad)
Como lo dice interné (pinchen el enlace, sugiero), tiene que ser verdad. Y, aunque ya va servida el alma cándida con la rociada de comentarios que le ha caído, que no falte el mío:
Es más, no recuerdo en qué libro de Díaz-Plaja, y ya estaba viejo cuando lo leí con 18 años, recordaba la táctica de la madre que mandaba a los niños en plan comando a pillar dos asientos espatarrándose, mientras ella mercaba los billetes de autobús.
¿Jóvenes? Servidor, con treintaitantos entonces, aspecto formal, la clavícula derecha rota y el consiguiente brazo en cabestrillo, dado que era Enero, decide recurrir a un abrigo, que ofrece el espectáculo de su manga vacía al aire. Tenía que tomar con cierta frecuencia el autobús, en horas laborales (los jóvenes estaban en el instituto o drogándose, o pegándole a sus madres), mientras que la gente "de orden" y edad me veía hacer malabares para validar el bono y sujetarme a la barra que pillara. Escasísimas ocasiones de oferta de asiento. Casi siempre por personas que, a ojo, iban a estar peor que yo de pie, y a quienes agradecía, declinándola, la oferta.
La guinda fue el día en que, en los asientos para personas con discapacidad, estaba sentado un "padre" (de aspecto convencional, ojo) con sus hijos, al que estuve mirando fijamente media hora al menos, prácticamente a su lado.
¿Por qué no le pregunté qué clase de educación estaba dando a sus hijos, no ya moral, sino en cumplimiento de las ordenanzas municipales? Muy sencillo: mi brazo izquierdo lo necesitaba para sujetarme a la barra y no sé dar patadas giratorias a lo Chuck Norris, para defenderme del guantazo que me hubiera propinado semejante señor (aunque abultara menos que yo), que desgraciadamente no es la excepción, sino la regla.
Es más, no recuerdo en qué libro de Díaz-Plaja, y ya estaba viejo cuando lo leí con 18 años, recordaba la táctica de la madre que mandaba a los niños en plan comando a pillar dos asientos espatarrándose, mientras ella mercaba los billetes de autobús.
Cosas veredes... moral, discriminación, violencia de género
En mi rojísimo, coeducador, integrador y progresista centro, donde ya saben a lo que me dedico, se me ocurrió proponer a los alumnos de bachillerato un ejercicio quizás un poco gamberrete, pero a kilómetros de lo que ven todos los días en la calle y en casa:
Pues nada, que desde las alturas me ha llegado un susurro, y, para evitar conflictos, he cambiado la entrada.
Por cierto, en medio de este ataque de moralidad ursulínica:
Pues nada, que desde las alturas me ha llegado un susurro, y, para evitar conflictos, he cambiado la entrada.
Por cierto, en medio de este ataque de moralidad ursulínica:
- el chico emigrante semianalfabeto sigue sin tener acceso al aula de apoyo,
- la chica china con más que previsibles problemas mentales sigue en clase como un mueble, y no tengo ni una pauta para trabajar qué leche sé yo con ella,
- la otra chica china que apenas sabe decir dos palabras de español, que pone una voluntad de hierro ya ha conseguido un diccionario de juguete que he conseguido rescatar de un aula abandonada donde me dijeron que había material, le he puesto como monitora a una compañera a la que no le viene mal esforzarse en entender y explicar cuatro ideas. Una profe compañera me ha prestado su ultraportátil, apañándose con su móvil, y así puedo ponerle un programa de autoaprendizaje de español que he encontrado yo por casualidad... y por pasarme una madrugada buceando en la Red.
Eso sí, para el día contra la violencia de género (que no consiste en aprovecharse de una madre sola que no sabe español para favorecer a unos papás enteradillos y con los papeles más que estudiados, y así cambiar de clase a un niño bien por una niña emigrante), me asignaron por decreto una hora de mis clases:
- solamente media hora para:
- intentar desmontarles las chorradas neomachistas y plantearles los porqués profundos de "sentimiento de objeto-propiedad", aunque sea al nivel de comprensión de doce años. Bueno, eso no me lo pidieron hacer, pero ¿tenía algún sentido la actividad sin eso?
- leer un panfleto lamentable y sentimentaloide sobre obviedades, bajo el interesante enfoque (qué desperdicio de idea con tan lamentable medio) de hablar de lo que serían "buenos tratos".
- que los chicos escribieran una frase desde ese enfoque (a toda prisa, claro, para qué meditar e interiorizar, o compartir y meditar).
- como me pasé cinco minutos en intentar un simulacro decente de lo anterior, se me aparece la coordinadora, con mucha prisa, para que bajaran al culmen de la actividad: a cada chico se pringaba la mano de violeta, la plantaba en un papel continuo blanco (¡qué original!) y pegaba su notita, evidentemente no contrastada.
Cosas, cosas veredes...
"Ya me comen, ya me comen/por do más pecado había"
Sí, quizá la discusión sobre la llegada de los bárbaros de Kavafis, ahora reeditada por los últimos sucesos noticiados, que no hubieran sucedido si no hubiera habido antes otros muchos no noticiados, pero de menos importancia, por lo visto, que los abdominales de Cristiano Ronaldo, la lesión de Messi o la operación de Belén Esteban, ha influido para armar este post.
Luego vino el recuerdo de Don Rodrigo, ese chivo expiatorio de aquella ficción de unión territorial, social y religiosa que fue la Hispania visigótica.
Así que, no sé si tendrá algo de fundamento una serie de sombrías ideas que hace años elaboré, a partir de la frase de mi buen amigo J., que desarrollé a mi manera, y que conté, en un diálogo de globito verde, a La Maga Circe, tan hábilmente interrogadora como de costumbre (dejo sus intervenciones en cursiva):
Luego vino el recuerdo de Don Rodrigo, ese chivo expiatorio de aquella ficción de unión territorial, social y religiosa que fue la Hispania visigótica.
Así que, no sé si tendrá algo de fundamento una serie de sombrías ideas que hace años elaboré, a partir de la frase de mi buen amigo J., que desarrollé a mi manera, y que conté, en un diálogo de globito verde, a La Maga Circe, tan hábilmente interrogadora como de costumbre (dejo sus intervenciones en cursiva):
Estamos viviendo en una gran tribu sostenida por las supersticiones y mitos menos sólidos y fundamentados de la civilización humana. Una tribu perdida de la Amazonía no duraría diez minutos sobre la faz de la tierra con una mitología tan torpe como la que domina el pensamiento promedio actual. Por no hablar de lo que le estamos haciendo a nuestros chamanes... pero eso creo que te lo he contado media docena de veces.
Pues no caigo, sorry. Dame alguna pista.
Un buen amigo me comentó que nuestra posmoderna civilización (quizá incluso antes) está liquidando a los chamanes de la tribu. Yo lo desarrollé de la siguiente manera, dadas las tres funciones del hechicero de la tribu:
a) El hechicero está en contacto con los dioses y sirve de guía espiritual a troda la tribu, desde la esfera particular a la social. No hablo solo de clérigos cristianos, como podrás suponer, sino de todo aquel apoyo para una visión de construcción personal que vaya más allá de las necesidades básicas y alguna de las estéticas, vamos, las famosas tres preguntas trascendentales.
b) El hechicero cura no solo con las hierbas (y en las hierbas entra el escáner de resonancia magnética de alta resolución), sino con la palabra, con el conocimiento que tiene de la persona y con las llamadas a los espíritus (dimensiones trascendentes de las personas). Por cierto, que, un día tonto, vi en un reportaje a una médico voluntaria a la que le llegó una paciente con mal de ojo. Le dio de todo lo que tenía a mano, psicotropos incluidos, pero se le murió. Desde entonces, aprendió a derivar esos casos al hechicero, con un índice de éxitos altísimo. De camino, aumentó la confianza de las tribus que atendía hacia ella. No hará falta que te comente la falta de respeto que tenemos como sociedad por la medicina, y la confianza supersticiosa (de la mala) en los fármacos y en los aparatos.
c) El hechicero es el que cuenta los secretos de la tribu a los jóvenes, el día o días que dura la adolescencia. Ciertamente, siguen el mismo esquema principal: los dioses hicieron el mundo de tal o cual manera, luego construyó a los componente de nuestra tribu, y, con el material que le sobró, al resto de las tribus de la Tierra. Fruto de ello, y al ser los principales, tenemos una situación de privilegio en la relación con los dioses, tan importante que muchas de las otras tribus ni siquiera son capaces de adorar a dioses de verdad y se los han tenido que inventar. En consecuencia, somos los llamados a dominar la naturaleza, bien que respetando tales o cuales leyes morales, así como a las otras tribus, como cuando derrotamos a la tribu X en la batalla de Y, y casos similares [no sé qué te parece como resumen de la literatura fundacional grecolatina, hindú o judía]. Es decir, en conclusión, que es todo un orgullo ser parte de una sociedad a la que debemos participación activa para que siga recreándose. Aquello que los especialistas en dinámica de grupos llaman "membrecía".
¿Dónde situamos al maestro?
El maestro es el hechicero que cuenta los secretos de la tribu a los adolescentes (no es que desprecie la escuela, faltaría plus, es que es el único aprendizaje formalizado -tanto, que el verso nace en las salmodias con ritmo que sirven para memorizar y transmitir las leyendas fundacionales- que se da en la tribu). Lo de que la tribu educa (que he oído cien veces este año atribuir a Marina, juraría que es de Savater la cita, pero no me ha dado tiempo material a comprobarlo todavía) es una verdad como un templo, pero ese proceso queda desvertebrado y atomizado en intentos dispersos y contradictorios si falta el eje estructural de lo que da sentido al autoconcepto de la tribu, y al autoconcepto del individuo como miembro activo de la misma.
Quizá ha pasado el tiempo del chamán de la tribu, sustituido por el que cada cual elige, o por ninguno con lo cual se pierde el contacto con los dioses, o peor, los mismos dioses.
Quizá dispersos, pero nunca ni atomizados ni desaparecidos. La fe en los chamanes es necesaria. Fe en el sentido de un ateo como Erich Fromm, y en la de los teólogos que merecen ese título: no consiste en creerse XYZ como un papanatas, sino en una relación de implicación activa. Fromm tiene un capítulo muy interesante al respecto en ¿Tener o ser?, extendiendo el proceso de adhesión hacia personas.
Si tu médico es un imbécil, cambia de médico, pero no alimentes el monstruo de la desconfianza en la medicina como arte (no técnica) de curar. Y lo mismo con los maestros y con los guías espirituales. Los tres tienen que existir como institución. Si destruyes la fe en la institución y atomizas, lo peligroso es que la función, esta vez sí, crea el órgano, pero lo mantiene oculto a la vista.
Nada más peligroso que una realidad operante que queda relegada a lo que no se nombra, porque actúa de forma efectiva pero incontrolada, y lleva donde uno no quiere. Aplicación de este principio (que procede de la sociocrítica bajtiniana) a lo que nos ocupa:
a) muerto el médico, surgen las "medicinas alternativas". No me refiero a que la medicina académica tenga siempre la última palabra (no habríamos salido de Galeno todavía), sino a cuestiones como las hierbecitas que te prescribe una vecina. Dos ejemplos: nuestra amiga M. se relajaba con infusiones de Stevia, que le habían recomendado, y que, dadas las conversaciones que teníamos, me hizo probar. Estupendo como placebo, porque la única propiedad de esa plantita es la de endulzar a cero calorías, pero imagínate si le empieza a subir la tensión por razones somáticas y trata de saltarse un eventual diazepán a cambio de una tacita. Ejemplo 2: el Servicio Autonómico de Salud tuvo que sacar una circular pegando un repaso a todos los hierbajos que se venden, últimamente ya en capsulitas y listos para atracarse, y avisar a los médicos de que controlaran las interacciones con la medicación. Por ejemplo, el Hipérico (Hierba de San Juan) tiene un potente ISRS (antidepresivo), pero el problema de que cada herborista lo extrae de forma diferente de una parte diferente de la planta y prescribe por su cuenta las cantidades que hay que tomarse, con lo cual es incontrolable lo que el paciente se está metiendo en el cuerpo, y no digamos si lo hace por su cuenta y combinándolo con los ISRS "oficiales" (tal que el Prozac). Los estantes de fitoterapia y "medicina natural" de los supermercados, y no digamos las "tiendas especializadas" se llenan y vacían a velocidad de vértigo, y pueden hacerse cócteles que dan verdadero miedo. No te cuento la de cosas que se pueden hacer con numerosos principios activos que son de venta libre en farmacias y que, gracias al consejo de "un amigo que sabe mucho", la gente consume como caramelos.
b) muerto el guía espiritual, ni siquiera hace falta remitirse a las sectas ni a sus conglomerados tipo New Age, basta contemplar el fanatismo con el que la gente se agarra a supersticiones (incluida en ella, lo explico en todas mis clases, la de ponerse la medallita de la Virgen del Rocío el día del examen con el fin de aprobar), tanto científicas (cómo se va a morir mi primo de una bronquitis si tiene veinte años, está bien de todo lo demás y lo tenemos en un hospital con todo tipo de aparatos), como "sobrecientíficas", aquí tienes una perla. Bueno, siendo de tu especialidad, aquí tienes otra, esta derivada de una previa base científica.
c) Finalmente, cantemos con Nietzsche (al que la frase sin modificar no hacía gracia, solamente certificaba): "la escuela ha muerto". ¿Te cuento sobre esto o lo lloramos en silencio, no por nuestro trabajo marginado, sino por las consecuencias?
¿Qué tiene que ver esto con los tipos que nos quieren pasar a degüello, y se están abriendo paso a golpe de cinturón-bomba? Que, por estos y otros numerosos motivos, les estamos poniendo a huevo el tema.
El año en que trafiqué con "basura blanca": confesiones a los emigrantes.
Quisiera enviar esta carta a quienes se acercan a nuestra tierra no para vivir mejor y del cuento, sino porque por mal que lo pasen aquí van a estar mejor que en la desesperación de sus tierras.
El título no es un sentimiento, sino una metáfora de lo que estoy haciendo. Cumpliendo órdenes, que para eso al Administración Pública es peor que el lado oscuro del ejército, estoy comportándome como aquellos judíos que, en los campos de exterminio, abrían y cerraban las cámaras de gas.
El título no es un sentimiento, sino una metáfora de lo que estoy haciendo. Cumpliendo órdenes, que para eso al Administración Pública es peor que el lado oscuro del ejército, estoy comportándome como aquellos judíos que, en los campos de exterminio, abrían y cerraban las cámaras de gas.
No voy a quejarme de quienes tienen el poder y podían hacer las cosas de forma diferente, pasando por una vez de titulares peridísticos.
He aterrizado en eso que ahora llaman "centros bilingües", en esta España de charanga y pandereta, donde cada nueva legislación educativa hace mejor a la que la antecede, y sus desarrollos son cada vez más chapuceros. Me ha tocado dar clase a dos cursos de doce años.
De uno de ellos, soy tutor. Como el azar es tan caprichoso, me ha caído, ser tutor de un curso cuya distribución de asignaturas (por supuesto, "por necesidades organizativas") lo hace de buen trato, bilingüe, con chicos de todos los colores, cierto, pero con los que se puede trabajar, y cuatro o cinco casos de gente excepcional que, entre su buen entorno familiar y, si no se les cruzan los cables como al retoño superior, darán gente de primera. Captan cada frase en que sugiero una reflexión ampliatoria, y de alguna de ellas, sus propias inquietudes los harán crecer hasta hacerse una cultura. Pero, vamos, que eso mismo lograrían con una buena cadena de documentales, una lista de recursos en la Red y el profe de guardia de la desmirriada biblioteca de mi rico centro (que tiene narices) para echarles un cable. Básicamente creo que estamos distrayéndolos seis horas al día, de la que quizá sumen dos o tres de alguna utilidad. El resto, una gradación a la que aportamos los instrumentos necesarios para funcionar como alumnos en un sistema que solo sirve para producir titulados en absolutamente nada.
Del otro, soy profesor de Lengua más una combinación de extras. Es el grupo no-bilingüe. Imposibilitados para progresar, al menos que encima no se vean recibiendo clase en una lengua todavía más extranjera de la que escuchan en sus clases en español semiformal.
[El año que viene se arregla, me dicen, porque todas las líneas serán bilingües: en lugar de un muro que parte Berlín, muros que hagan islas de incomprensión profunda en cada grupo].
¿Qué hay este año en ese grupo? La mitad de repetidores. No de alumnos que no han dado la talla y necesitan una pasada de nuevo, no: refractarios, algunos objetores. Otros, venidos de los centros de procedencia, con una historia desconocida, por tres factores. El primero es que traen notas falsificadas por presiones superiores (un inspector cipayo -suponiendo que actualmente quede alguno que no lo sea-, hizo una vez un cuadro con el número de suspensos en Primaria y en Secundaria, donde se veía un subidón de suspensos con el cambio de etapa, y desde entonces no hay curso donde el perroflauta formador no zampe la dichosa diapositiva y las insinuaciones tan evidentes como falsas e intelectualmente vergonzosas sobre que el problema es que los dinosaurios de Secundaria disfrutamos suspendiendo e impidiendo que progresen).
El segundo: esos niños están matriculados desde junio, pero todavía no han llegado los informes completos sobre ellos (total, para qué). Unas migajas van llegando, pero las historias y los malos rollos llegarán tres meses más tarde de poder empezar a poner remedio. Aparte de que, cuando lleguen los informes, si me molesto en mirar alguno que me diga lo que ya he aprendido tarde, a base de meter la pata con cada chaval concreto, ya me espero "la frase" que, con ligeras variantes, y que no se corresponde con su traducción técnica ortodoxa: "La criatura no alcanza los contenidos/niveles necesarios, pero se espera que su llegada al instituto lo haga madurar apropiadamente". La traducción que nadie hace en voz alta es: "razones legales u órdenes de arriba nos impiden que ampliemos plazas en el cole para repeticiones o apoyos para ellos, así que ahí os los mandamos".
De la migajas que van llegando, estamos enterándonos de alumnos con discapacidades no diagnosticadas, a pesar de existir Equipos de Orientación, o bien que han dejado de existir, a golpe de normativa, en el catálogo de atención especial, para evitar que se generen necesidades de apoyo y no aumentar la plantilla de profesorado de Pedagogia Terapéutica. Otras son historias de entornos sociofamiliares que parecen de película de miedo, o de extracciones socioculturales que, junto a la baja formación de los mayores, unen un desprecio casi absoluto de los clanes por las posibilidades del sistema escolar como vehículo de promoción social. Otros, sencillamente, no aprendieron (no voy a entrar en los motivos) y ahora es tarde para aprender sin rehabilitación.
La inmensa mayoría de ellos no tienen exactamente problemas de disciplina: lo suyo es una incompetencia social tan profunda que, cuando se enfrenten al mundo oficial, no van a saber por qué reciben palos por todas partes, y solo van a aprender a convivir con la sumisión al poder de los más fuertes (físicamente, por dinero, o por mecanismos de autoridad). Aprender a palos, como ya ni se adiestra a los perros, si uno quiere eficacia. Y para consolarse, su poquito de violencia gratuita cuando les dejen expansionarse, su Mediaset, el alcohol o las drogas que permita el poder.
En pocas palabras: de treinta adolescentes, solo cuatro o cinco que tienen posibilidades de aprender, cubrir lagunas anteriores y avanzar un poco. Posibilidades que desaparecen por la sencilla razón de que los otros veinticinco, sin culpa, con culpa, e intermedios, viven sumergidos en tal rabia y hostilidad en esta cárcel donde hablamos una lengua extraña a ellos y les exigimos comportamientos que están fuera de su comprensión. Ejemplo: empezando el curso, en mi nunca bien ponderada autosuficiencia y soberbia, les hablé de la necesidad de adquirir unos comportamientos y habilidades básicas, para aprender a defenderse en la calle. Me llevé mi merecido: "en la calle no se habla como tú, se habla como yo hablo". Tocado y hundido. Manolete, si todavía no has sacado conclusiones de tus viejas lecturas de Bernstein, pa qué te metes.
Ahora, metido en este fregado, toca... gestionar el fracaso. Hasta "gestionar" es aquí un eufemismo. El asunto es que hay que pasar el año como sea. Quizá debiera haber llamado por mi cuenta a la Inspección, y decir que esto es intolerable. No llamé por dos razones:
a) Cobardía: crearme enemigos inútilmente (¿y la ética de la que tanto presumo?) en mi centro y en una Inspección que, dadas las celestiales metas de la legislación, me haría trizas en la primera visita.
b) Inutilidad: un inspector "bueno" conmigo me diría "atienda a la diversidad y adapte el currículum".
El pragmático director traía resuelto el problema, ante un orientador que estaba callado cual señora de la vida hallada en falta. Estos son unos angelitos comparados con un grupo que hubo (que tuvo que ser la leche en bote). Les ponemos fichitas, se estudian los exámenes en clase, los freímos a medidas disciplinarias, y en Junio se ha acabado el curso. Muchos, como tendrán ya la edad de salir por piernas, lo harán encantados, a otros los dispersaremos (para que sean "el malo" del siguiente nivel, y estén más controlados), e imagino que ya habrá previsto un sistema de maquillaje-justificación de las estadísticas. Oficialmente, "Adaptación curricular grupal" (que rima con "brutal").
¿Qué les va a pasar? Que la mayoría no va a aprender absolutamente nada, no ya de conocimientos, sino de habilidades básicas para sobrevivir. Al resto, que las habilidades que traían puestas se le deteriorarán. Desaprenderán, sí. Y yo habré participado de todo ese proceso.
Había casos flagrantes de criaturas cuyo único delito era, dadas sus dificultades, haber elegido un grupo no-bilingüe para entender las asignaturas y seguir avanzando. No sé por qué, si por mantener apariencias o porque ya he dejado varias muestras de lo borde que me puedo poner, pero me comunicaron que iba a venir a mi grupo de tutoría (recuerden, "los buenos") una alumna más. Yo dije que una no, que, desde mi punto de vista, mi grupo podía sacarse adelante, con buena acogida, con más alumnos, aunque fuera menos cómodo de llevar, aunque, ciertamente, solo era mi opinión como tutor, que no vinculaba al resto de profes que pusieran el grito en el cielo ni podía suplantar al director, ante cuyas órdenes me cuadraba.
Pero, entonces, a alguien le entró un ataque de prudencia y decidió que teníamos en el grupo de los "buenos" una alumna emigrante, de origen chino, con un solo año de estancia en España, que trabaja como una posesa pero que tiene una fortísima barrera con el idioma (cierto que nuestra solidaria Administración tiene un programa de Atención Lingüística que sobre el papel es una maravilla, eso sí, perfectamente desconectado del resto de las horas que pasa la criatura en clase, pero, si encima no te lo dan...) Y que mejor iba al grupo no-bilingüe, que así se rebajaban sus problemas por la simplificación, incluso de las instrucciones en español escolar, se quitaba las partes bilingües de encima y no tenía que dar francés. Todo en nombre de una "visión de Centro" diferente a mi "visión paternal" (esta vez, las comillas son de cita). Antes de que me lo dijeran a la cara, yo dije que, al fin y al cabo, la orden no la daba yo.
Es más, he recibido órdenes de mentir y he mentido. Apareció la mamá de la nena y me tocó explicarle la media verdad de que su hija no iba a tener problemas con el inglés si cambiaba de grupo. Pocas veces me he sentido tan avergonzado de mí mismo. Cierto es que todo hubiera sucedido igual sin mí, y que aquella madre estaba sobreconvencida por sí misma de que era una salida para el problema de la niña. Alguien, al expresarle mis sentimientos al respecto, me decía que me lo tomara como un soldado al que mandan matar, a lo que le respondí que para otras cosas me valía la metáfora, pero que esto era un caso de "fuego amigo".
Ahora estoy dando la lata para que el par de casos más flagrantes de semianalfabetismo según criterios de la UNESCO, junto con ella, pasen al menos unas horas en el aula de apoyo especial. Es más, he rogado expresamente que, puestos a trampear, vayan ya directamente a la susodicha aula, mientras se van rellenando papeles. La maestra a cargo no parece mala persona y se jubila este curso, creo que lo mismo colaría. Pero no, ahora hay que esperar a que se cumplan los trámites.
Una excepción. La coordinadora TIC, que como tantos otros, pasa las horas que la Administración le dio para sumergir a los profes y nenes en el aprendizaje digital intentando que la porquería de material electoralista se sostenga en pie y sirva para algo, lleva rebuscándome como loca un ultraportátil, de los destrozados por las inocentes criaturas a las que desde arriba les hicieron creer que tenían derecho de uso y abuso, a ver si combinando las teclas del de la pantalla rota con la pantalla del que está sin teclas, logra algo.
¿Qué me queda? Pasarle material facilito, mostrarle apoyo y rezar a ese Dios que cree en mí, en ella y en las personas que intervienen en todo esto, aunque yo le tenga la puerta con cerrojo echado y llave perdida. Porque, si aparto la vista más de treinta segundos de los que se van a mover, cuando vuelva los ojos me encuentro a tres de pie y enredados en una pelea. No es una de mis hipérbole, advierto.
Este cerebro que, cuando funcionaba, se dedicaba a las abstracciones teóricas, se ha tropezado con que todo lo que aprendió le sirve como unas gafas de aumento de dolor para ver la profundidad de lo que tiene por delante. También para ver la endeblez de la ayuda que se supone que le tenían que brindar los especialistas, y las porquerías de material con que cuenta. Ojalá fuera verdad que yo soy un universitario venido a menos que no entiende aquello que tiene ante sus ojos. Estaría menos agobiado cuando viera que largarle un cuadernito de supuesto autotrabajo a una criatura no la hace recuperar la diferencia con sus compañeros. Le echaría la culpa a que no trabaja, o a la vida, o a...
White trash entre nuestros compatriotas (suponiendo que exista eso que llamamos patria), que los llama un amigo mío. Y lo dice en inglés, y solo en ambientes de confianza, para dejar bien claro que no se conforma ni resigna, pero que tiene ya sabido que la maquinaria le va a torcer el brazo.
[No los puedo llamar "amigos" ni "queridos" sin ensuciar ambas palabras con mi hipocresía] Señores emigrantes: van a venir de todas maneras, porque lo de allí es infinitamente peor, pero no se dejen engañar por las buenas maneras. No aparten la mano de la boca que les muerde, encerrándose en hermetismo, que es lo que están buscando desde arriba y con el aplauso de la mayoría cómplice, entre quienes me encuentro. Pero piensen en sus hijos, y no se conformen con lo que, comparativamente, es un logro. Organícense, pongan un poco de confianza en los grupos que apoyan a emigrantes y, en cualquier lugar, abran un aula de apoyo escolar. Pero no de hacer deberes, sino un aula de resistencia. De adquirir herramientas para tratar de igual a igual a los que no demostramos interés en que puedan competir con nosotros. Gente y lugar encontrarán, que hay quintacolumnistas suficientes: yo conozco unos cuantos.
Porque fíjense ustedes lo que hacemos, por acción u omisión, con los que "nos sobran". De los nuestros. Blanquitos, a lo sumo tostados por los juegos de la calle.
La inmensa mayoría de ellos no tienen exactamente problemas de disciplina: lo suyo es una incompetencia social tan profunda que, cuando se enfrenten al mundo oficial, no van a saber por qué reciben palos por todas partes, y solo van a aprender a convivir con la sumisión al poder de los más fuertes (físicamente, por dinero, o por mecanismos de autoridad). Aprender a palos, como ya ni se adiestra a los perros, si uno quiere eficacia. Y para consolarse, su poquito de violencia gratuita cuando les dejen expansionarse, su Mediaset, el alcohol o las drogas que permita el poder.
En pocas palabras: de treinta adolescentes, solo cuatro o cinco que tienen posibilidades de aprender, cubrir lagunas anteriores y avanzar un poco. Posibilidades que desaparecen por la sencilla razón de que los otros veinticinco, sin culpa, con culpa, e intermedios, viven sumergidos en tal rabia y hostilidad en esta cárcel donde hablamos una lengua extraña a ellos y les exigimos comportamientos que están fuera de su comprensión. Ejemplo: empezando el curso, en mi nunca bien ponderada autosuficiencia y soberbia, les hablé de la necesidad de adquirir unos comportamientos y habilidades básicas, para aprender a defenderse en la calle. Me llevé mi merecido: "en la calle no se habla como tú, se habla como yo hablo". Tocado y hundido. Manolete, si todavía no has sacado conclusiones de tus viejas lecturas de Bernstein, pa qué te metes.
Ahora, metido en este fregado, toca... gestionar el fracaso. Hasta "gestionar" es aquí un eufemismo. El asunto es que hay que pasar el año como sea. Quizá debiera haber llamado por mi cuenta a la Inspección, y decir que esto es intolerable. No llamé por dos razones:
a) Cobardía: crearme enemigos inútilmente (¿y la ética de la que tanto presumo?) en mi centro y en una Inspección que, dadas las celestiales metas de la legislación, me haría trizas en la primera visita.
b) Inutilidad: un inspector "bueno" conmigo me diría "atienda a la diversidad y adapte el currículum".
El pragmático director traía resuelto el problema, ante un orientador que estaba callado cual señora de la vida hallada en falta. Estos son unos angelitos comparados con un grupo que hubo (que tuvo que ser la leche en bote). Les ponemos fichitas, se estudian los exámenes en clase, los freímos a medidas disciplinarias, y en Junio se ha acabado el curso. Muchos, como tendrán ya la edad de salir por piernas, lo harán encantados, a otros los dispersaremos (para que sean "el malo" del siguiente nivel, y estén más controlados), e imagino que ya habrá previsto un sistema de maquillaje-justificación de las estadísticas. Oficialmente, "Adaptación curricular grupal" (que rima con "brutal").
¿Qué les va a pasar? Que la mayoría no va a aprender absolutamente nada, no ya de conocimientos, sino de habilidades básicas para sobrevivir. Al resto, que las habilidades que traían puestas se le deteriorarán. Desaprenderán, sí. Y yo habré participado de todo ese proceso.
Había casos flagrantes de criaturas cuyo único delito era, dadas sus dificultades, haber elegido un grupo no-bilingüe para entender las asignaturas y seguir avanzando. No sé por qué, si por mantener apariencias o porque ya he dejado varias muestras de lo borde que me puedo poner, pero me comunicaron que iba a venir a mi grupo de tutoría (recuerden, "los buenos") una alumna más. Yo dije que una no, que, desde mi punto de vista, mi grupo podía sacarse adelante, con buena acogida, con más alumnos, aunque fuera menos cómodo de llevar, aunque, ciertamente, solo era mi opinión como tutor, que no vinculaba al resto de profes que pusieran el grito en el cielo ni podía suplantar al director, ante cuyas órdenes me cuadraba.
Pero, entonces, a alguien le entró un ataque de prudencia y decidió que teníamos en el grupo de los "buenos" una alumna emigrante, de origen chino, con un solo año de estancia en España, que trabaja como una posesa pero que tiene una fortísima barrera con el idioma (cierto que nuestra solidaria Administración tiene un programa de Atención Lingüística que sobre el papel es una maravilla, eso sí, perfectamente desconectado del resto de las horas que pasa la criatura en clase, pero, si encima no te lo dan...) Y que mejor iba al grupo no-bilingüe, que así se rebajaban sus problemas por la simplificación, incluso de las instrucciones en español escolar, se quitaba las partes bilingües de encima y no tenía que dar francés. Todo en nombre de una "visión de Centro" diferente a mi "visión paternal" (esta vez, las comillas son de cita). Antes de que me lo dijeran a la cara, yo dije que, al fin y al cabo, la orden no la daba yo.
Es más, he recibido órdenes de mentir y he mentido. Apareció la mamá de la nena y me tocó explicarle la media verdad de que su hija no iba a tener problemas con el inglés si cambiaba de grupo. Pocas veces me he sentido tan avergonzado de mí mismo. Cierto es que todo hubiera sucedido igual sin mí, y que aquella madre estaba sobreconvencida por sí misma de que era una salida para el problema de la niña. Alguien, al expresarle mis sentimientos al respecto, me decía que me lo tomara como un soldado al que mandan matar, a lo que le respondí que para otras cosas me valía la metáfora, pero que esto era un caso de "fuego amigo".
Ahora estoy dando la lata para que el par de casos más flagrantes de semianalfabetismo según criterios de la UNESCO, junto con ella, pasen al menos unas horas en el aula de apoyo especial. Es más, he rogado expresamente que, puestos a trampear, vayan ya directamente a la susodicha aula, mientras se van rellenando papeles. La maestra a cargo no parece mala persona y se jubila este curso, creo que lo mismo colaría. Pero no, ahora hay que esperar a que se cumplan los trámites.
Una excepción. La coordinadora TIC, que como tantos otros, pasa las horas que la Administración le dio para sumergir a los profes y nenes en el aprendizaje digital intentando que la porquería de material electoralista se sostenga en pie y sirva para algo, lleva rebuscándome como loca un ultraportátil, de los destrozados por las inocentes criaturas a las que desde arriba les hicieron creer que tenían derecho de uso y abuso, a ver si combinando las teclas del de la pantalla rota con la pantalla del que está sin teclas, logra algo.
¿Qué me queda? Pasarle material facilito, mostrarle apoyo y rezar a ese Dios que cree en mí, en ella y en las personas que intervienen en todo esto, aunque yo le tenga la puerta con cerrojo echado y llave perdida. Porque, si aparto la vista más de treinta segundos de los que se van a mover, cuando vuelva los ojos me encuentro a tres de pie y enredados en una pelea. No es una de mis hipérbole, advierto.
Este cerebro que, cuando funcionaba, se dedicaba a las abstracciones teóricas, se ha tropezado con que todo lo que aprendió le sirve como unas gafas de aumento de dolor para ver la profundidad de lo que tiene por delante. También para ver la endeblez de la ayuda que se supone que le tenían que brindar los especialistas, y las porquerías de material con que cuenta. Ojalá fuera verdad que yo soy un universitario venido a menos que no entiende aquello que tiene ante sus ojos. Estaría menos agobiado cuando viera que largarle un cuadernito de supuesto autotrabajo a una criatura no la hace recuperar la diferencia con sus compañeros. Le echaría la culpa a que no trabaja, o a la vida, o a...
White trash entre nuestros compatriotas (suponiendo que exista eso que llamamos patria), que los llama un amigo mío. Y lo dice en inglés, y solo en ambientes de confianza, para dejar bien claro que no se conforma ni resigna, pero que tiene ya sabido que la maquinaria le va a torcer el brazo.
[No los puedo llamar "amigos" ni "queridos" sin ensuciar ambas palabras con mi hipocresía] Señores emigrantes: van a venir de todas maneras, porque lo de allí es infinitamente peor, pero no se dejen engañar por las buenas maneras. No aparten la mano de la boca que les muerde, encerrándose en hermetismo, que es lo que están buscando desde arriba y con el aplauso de la mayoría cómplice, entre quienes me encuentro. Pero piensen en sus hijos, y no se conformen con lo que, comparativamente, es un logro. Organícense, pongan un poco de confianza en los grupos que apoyan a emigrantes y, en cualquier lugar, abran un aula de apoyo escolar. Pero no de hacer deberes, sino un aula de resistencia. De adquirir herramientas para tratar de igual a igual a los que no demostramos interés en que puedan competir con nosotros. Gente y lugar encontrarán, que hay quintacolumnistas suficientes: yo conozco unos cuantos.
Porque fíjense ustedes lo que hacemos, por acción u omisión, con los que "nos sobran". De los nuestros. Blanquitos, a lo sumo tostados por los juegos de la calle.
La Real Academia, dando ejemplo. (Actualizado)
No se pierdan esta perla del tuteo:
Es de la Fundación pro-Real Academia de la Lengua. de su página web, bien visible. Si pinchan, les dirán que, salvo estudiantes, por menos de cien euros no se molesten en contribuir. No soy tan tonto como para saber lo de las cuestiones del impacto y otras zarandajas mercadotécnicas, pero también que yo, que carezco de mérito alguno para sentarme en un sillón de allí (ni de los deméritos por los que algunos entraron), siendo un mindundi, sé enjaretar una conversación recurriendo a todo tipo de perífrasis, impersonaliades o evasiones si no ha quedado claro y meridiano cómo debo tratar a alguien. Por ejemplo, detesto tutear a los camareros o dependientes, salvo confianza, por el mero hecho de que cobran de mí. Por ejemplo, ante una urgencia de esta mañana, preferí no preguntar a las muchachas de la panadería si "tenían huevos" o en la tienda "había huevos", y me quedé con un "¿venden huevos?". No tenía ganas de broma, y preferí recibir las agradables sonrisas de esas tres muchachas cuando la gente las trata con respeto.
Pero, dado que el lunfardo se impone: hasta el banco que se queda con mi dinero a interés de broma y me saca los higadillos con la hipoteca, las compañías telefónicas, de cuyas prácticas no vamos a glosar aquí, y un amplio et caetera de empresas que ponen la navaja legal en el vientre para que suelte uno la pasta, encima nos pasan la mano por el hombro a la voz de "qué güena gente eres" (vivencia adolescente que me asalta con cada factura o mensaje tuteante), ante tan emotiva petición de la que Limpia, Fija y Da Esplendor (las mayúsculas van en contra de la actual ortografía, lo sé), no he podido menos que contestar:
Habiendo considerado siempre que una de las riquezas del español es la de los matices que léxica y gramaticalmente se establecen para establecer las diferencias y distancias en confianza y trato, he tenido amplias discusiones en foros filológicos al respecto, y no me he quedado precisamente solo.
Es de la Fundación pro-Real Academia de la Lengua. de su página web, bien visible. Si pinchan, les dirán que, salvo estudiantes, por menos de cien euros no se molesten en contribuir. No soy tan tonto como para saber lo de las cuestiones del impacto y otras zarandajas mercadotécnicas, pero también que yo, que carezco de mérito alguno para sentarme en un sillón de allí (ni de los deméritos por los que algunos entraron), siendo un mindundi, sé enjaretar una conversación recurriendo a todo tipo de perífrasis, impersonaliades o evasiones si no ha quedado claro y meridiano cómo debo tratar a alguien. Por ejemplo, detesto tutear a los camareros o dependientes, salvo confianza, por el mero hecho de que cobran de mí. Por ejemplo, ante una urgencia de esta mañana, preferí no preguntar a las muchachas de la panadería si "tenían huevos" o en la tienda "había huevos", y me quedé con un "¿venden huevos?". No tenía ganas de broma, y preferí recibir las agradables sonrisas de esas tres muchachas cuando la gente las trata con respeto.
Pero, dado que el lunfardo se impone: hasta el banco que se queda con mi dinero a interés de broma y me saca los higadillos con la hipoteca, las compañías telefónicas, de cuyas prácticas no vamos a glosar aquí, y un amplio et caetera de empresas que ponen la navaja legal en el vientre para que suelte uno la pasta, encima nos pasan la mano por el hombro a la voz de "qué güena gente eres" (vivencia adolescente que me asalta con cada factura o mensaje tuteante), ante tan emotiva petición de la que Limpia, Fija y Da Esplendor (las mayúsculas van en contra de la actual ortografía, lo sé), no he podido menos que contestar:
Habiendo considerado siempre que una de las riquezas del español es la de los matices que léxica y gramaticalmente se establecen para establecer las diferencias y distancias en confianza y trato, he tenido amplias discusiones en foros filológicos al respecto, y no me he quedado precisamente solo.
También siempre había pensado que parte del esplendor de la lengua española tenía que ver con esa hermosa dispersión de usos, que hace que hasta en canciones pop de consumo peninsular se nos haya colado el "vos" de allá al otro lado del charco, que el "usted" se construya de formas diferentes para expresar afecto cercano o distancia, según zona de nuestra Hispania Fecunda...
Pero ya que la Academia lo tiene en su publicidad, parece que se impone el tuteo, por lo que les pregunto:
"Oye, pa sacarme cien pavos, ¿no tenías que cortarte un pelo y hacerme un poco la rosca con el usté de los puretones?"
Y ahora, les ruego me expliquen qué cara pongo cuando intento explicar a mis alumnos que les conviene aprender a manejar el usted con tercera del singular para aquellas situaciones en las que pueden tener las de perder.
Porque, como profesor de Lengua y Literatura Españolas (que todavía no les he escuchado pronunciarse sobre el páramo expresivo que está produciendo el actual desarrollo normativo de la asignatura "Lengua Castellana y Literatura" -valga la jerigonza-, multiplicada por diecisiete variantes), díganme cómo les limpio a mis alumnos el tuteo y la zafiedad que los incapacita en relaciones sociales con alguien más fuerte que ellos, cómo les fijo estrategias de defensa por medio del correcto uso, recto y figurado, de los recursos de la lengua, y cómo les hago que tengan acceso a algún momentito de esplendor sabiendo que dominar las distancias en lengua los protege de invasiones verbales, tras las que vienen las otras.
Llevo esta pregunta a mi blog, donde publicaré la respuesta, si llegare (sí, máxima distancia factual la del futuro de subjuntivo). Pasado un tiempo, haré lo propio en los otros foros, de mayor resonancia, en que estoy inscrito.
¿Debo despedirme "nos vemos, peña", o "Saludos cordiales"?
Si, por casualidad, "llegare" la respuesta, actualizaré la entrada.
Pues llegó la respuesta, resulta "que les pareció conveniente":
Miguel González Somovilla
Pues llegó la respuesta, resulta "que les pareció conveniente":
Buenos días, don Juvenal [para qué molestarse en tratar de apellido]
El uso del tuteo en la publicidad de la campaña que usted cita, la de la Fundación pro-RAE, es una excepción en nuestra costumbre habitual, que es el tratamiento de usted a los destinatarios de nuestros mensajes. Véanse, por ejemplo, las decenas de tuits que publicamos cada día en @raeinforma.
Acertadamente o no, en este caso concreto nos pareció más conveniente hacerlo así.
Esta respuesta se la dirijo a usted, a título personal, como aclaración a sus amables observaciones.
Saludos cordiales,
Miguel González Somovilla
Comunicación
Real Academia Española
C/ Felipe IV, 4
28014 Madrid
Revival ochentero y pijoprogres
Dadas un par de circunstancias por las que estoy pasando, y dado que hace año y pico una amiga me contó un par de entresijos de la canción, aunque la he escuchado en mejores sonidos (la grabación no hace justicia a esos graves de la voz de la inteligente mejicana), me quedo con dejar a su alcance este vídeo de la Alaska provocadora también (un poco de mito no viene mal, aunque uno sepa que "la movida" fue un cruce de intereses comerciales y de proyectos de ingeniería social):
No, no la disfruten: escúpanla a la cara de tantos y tantos, especialmente, de los demócratas y tolerantes de salón. Incluyan en ellos al directivo de mi nuevo instituto que me dio todo tipo de largas burocráticas ("Eso hay que consultarlo con el coordinador Periquito...", "a ver si entre los proyectos que tenemos...") cuando le dije que si en el pasillo de la sala de profes donde, entre miles de carteles enmarcados contra la discriminación, y bajo uno que ponía
"Yo soy VIH+",
yo traía, pagado cartel y marco de mi bolsillo, uno que ponía:
"Yo padezco un transtorno mental".
Eso sí, todos muy progres, coeducativos, militantes contra el maltrato...
Por cierto, recuérdenme que les cuente los obstáculos y la neutralización, por parte de tan progresista centro, de mi intento de dedicar una hora "tonta" a dar de leer y escribir a esos chicos que, no beneficiados del microscópico censo que la Junta de Andalucía considera aptos para entrar en un aula de apoyo, resulta que tienen doce años y NO SABEN LEER NI ESCRIBIR.
Despedida????
Me llevo varias lecciones a mi nuevo instituto, ya en mi ciudad:
- La primera es que, por muy cansado que te encuentres, no aplaces una sola tarea para cuando tengas buen cuerpo y la puedas hacer en condiciones, porque el buen cuerpo no va a llegar, la postergación aumenta devastadoramente la corrosiva culpabilidad, y, además de seguir haciendo una chapuza, vas a aumentar el número de errores con la prisa. Años tiene la vida para pulir algo, eso si merece la pena pulirlo.
- La segunda: no pidas disculpas en clase, salvo por toser. En todo caso, al que se lo merezca, en privado. Corren malos tiempos para la profesión, y todo lo que digas va a ser utilizado en tu contra, obviando, por supuesto, que te has disculpado. No es que me haya vuelto un cínico, sino que tocan tiempos de hibernar el caballero que uno llevaba por delante.
- Tercera: no esperes que nadie te reconozca nada. De agradecer, ya se sabe que nunca, pero ni reconocer. No estoy hablando de la ingratitud adolescente, que eso es característica propia de la edad, y, salvo cuando se enquista y tuerce, tiene consecuencias saludables en un futuro que no te toca a ti ver. A pesar de que nunca se ha manoseado tanto como ahora la palabra "compañero", lo único que te encuentras en la sala de profesores son colegas, en el sentido irónico (recuérdenme que cuente el chiste sobre el tema) del término. Dentro de la sala, sí que es cierto, podré encontrar, según la suerte que tenga, aliados, complices, conocidos cordiales y hasta amigos. En esto último, he tenido en estos dieciséis años una suerte loca, y no sé si se va a repetir, porque, como no pienso dejar de callarme mi trastorno, lo mismo nadie lo intenta. Solamente he experimentado verdadero reconocimiento, no contaminado de exageraciones de amistad, en aquellos que, además me han mostrado su cariño. Y lo mismo con algo todavía más necesario: solamente me han criticado, en la cara, y en distintos tonos, pero con final constructivo, ellos mismos, me han ayudado a echar el freno o me han hecho ver derivas que mi obcecación convertía a mis ojos en virtud. Porque no estoy hablando de alabar o no, me estoy refiriendo a recibir la noticia, viva (y afectiva) de que existo como ser que hace algo. Ya repito, y no me cansaré, que la cantidad y calidad de gente con quien he tenido contacto de esa cercanía han resultado de privilegio.
- Cuarta: en tu nuevo destino puede que no se te permita el lujo que te has tomado este año de, en momentos de malestar profundo, disparar a todo lo que se mueve. Complementariamente, no te envuelvas afectivamente en guerras que ni puedes ganar ni vas a conseguir nada por aquello que pretendes salvar.
- Quinta: además de sus indudables valores psíquicos y espirituales, el silencio es una virtud táctica.
- La primera es que, por muy cansado que te encuentres, no aplaces una sola tarea para cuando tengas buen cuerpo y la puedas hacer en condiciones, porque el buen cuerpo no va a llegar, la postergación aumenta devastadoramente la corrosiva culpabilidad, y, además de seguir haciendo una chapuza, vas a aumentar el número de errores con la prisa. Años tiene la vida para pulir algo, eso si merece la pena pulirlo.
- La segunda: no pidas disculpas en clase, salvo por toser. En todo caso, al que se lo merezca, en privado. Corren malos tiempos para la profesión, y todo lo que digas va a ser utilizado en tu contra, obviando, por supuesto, que te has disculpado. No es que me haya vuelto un cínico, sino que tocan tiempos de hibernar el caballero que uno llevaba por delante.
- Tercera: no esperes que nadie te reconozca nada. De agradecer, ya se sabe que nunca, pero ni reconocer. No estoy hablando de la ingratitud adolescente, que eso es característica propia de la edad, y, salvo cuando se enquista y tuerce, tiene consecuencias saludables en un futuro que no te toca a ti ver. A pesar de que nunca se ha manoseado tanto como ahora la palabra "compañero", lo único que te encuentras en la sala de profesores son colegas, en el sentido irónico (recuérdenme que cuente el chiste sobre el tema) del término. Dentro de la sala, sí que es cierto, podré encontrar, según la suerte que tenga, aliados, complices, conocidos cordiales y hasta amigos. En esto último, he tenido en estos dieciséis años una suerte loca, y no sé si se va a repetir, porque, como no pienso dejar de callarme mi trastorno, lo mismo nadie lo intenta. Solamente he experimentado verdadero reconocimiento, no contaminado de exageraciones de amistad, en aquellos que, además me han mostrado su cariño. Y lo mismo con algo todavía más necesario: solamente me han criticado, en la cara, y en distintos tonos, pero con final constructivo, ellos mismos, me han ayudado a echar el freno o me han hecho ver derivas que mi obcecación convertía a mis ojos en virtud. Porque no estoy hablando de alabar o no, me estoy refiriendo a recibir la noticia, viva (y afectiva) de que existo como ser que hace algo. Ya repito, y no me cansaré, que la cantidad y calidad de gente con quien he tenido contacto de esa cercanía han resultado de privilegio.
- Cuarta: en tu nuevo destino puede que no se te permita el lujo que te has tomado este año de, en momentos de malestar profundo, disparar a todo lo que se mueve. Complementariamente, no te envuelvas afectivamente en guerras que ni puedes ganar ni vas a conseguir nada por aquello que pretendes salvar.
- Quinta: además de sus indudables valores psíquicos y espirituales, el silencio es una virtud táctica.
lunes, 4 de enero de 2016
Una vez tuve gracia en Facebook
Dada mi escasa autoestima actual, comprenderán que, para una participación que tuvo unos cincuenta deditos hacia arriba, me recree en la jugada. Fue en un grupo de filólogos, y me parece un poco excesivo repetirme por el cara-libro para celebrarlo. Por ello, la tomo con mis escasos lectores de aquí:
PROMETO QUE LOS HECHOS EN QUE SE BASA ESTE TRUÑO SON RIGUROSAMENTE CIERTOS Y DE MI PROPIA EXPERIENCIA.
Cuando se llega a ese punto de no retorno en que los angelitos me dicen que para qué la ortografía, y dado que el asesinato no es opción, suelo responder: "para nada". "Por ejemplo, ¿qué necesidad hay de saber escribir bien si vas a vender tornillos en una ferretería?". Y empieza mi relato:
Hay en mi barrio (solo saben que no vivo en su localidad) una ferretería, y, un domingo, me encontré con una bombilla un poco rara, que tenía un cartel: "ANTI INCESTO". Total, se entiende, ¿no? (procuro dialectalizar la expresión más allá de la cuenta para que cuele). Más de una vez estuve a punto de entrar en la tienda a advertir al dueño del error de ortografía, pero siempre se me pasaba. El caso es que, pasados un par de meses, descubrí que el cartel estaba sobreescrito, apretando con rabia el rotulador: "ANTI-INSECTOS" (no hay pizarra digital que reproduzca el sonido de la tiza para dar un toque dramático al asunto). ¿Por qué estaba tan enfadado el tipo este? Me miráis en el diccionario la palabra que parece mal escrita, y, a quien me lo cuente medio bien redactado, lo recordaré en mi testamento (ya saben que algo cae). Y no recurro a proyectar la web de la Academia, porque ya se sabe que determinados contenidos mejor macerarlos en el morbo de las conversaciones adolescentes. Al día siguiente, recojo las cuatro o cinco cuartillas (el resto se ha enterado por los tres o cuatro), y retomo la cuestión, recreándome si por casualidad les da por rehuir la definición en román paladino, es más, espero hasta que el carota le suelte la versión salvaje al alma cándida que todavía no lo ha pillado, ni lo preguntó en la entrada al instituto.
Luego llega la parte del sermón: "la ortografía sirve para que no se chotee de ti durante dos meses una barriada entera, de 20000 habitantes, por una palabra que tampoco conocía casi nadie, pero que alguien se encargó de ventilar, porque no hay cosa que más le guste a alguien que los defectos ajenos, aunque los propios sean los mismos".
Por si a alguien le sirve, quiere darle vida como propia, o le sirve de pista para otras similitudes más de acuerdo con sus circunstancias dialectales.
PROMETO QUE LOS HECHOS EN QUE SE BASA ESTE TRUÑO SON RIGUROSAMENTE CIERTOS Y DE MI PROPIA EXPERIENCIA.
Cuando se llega a ese punto de no retorno en que los angelitos me dicen que para qué la ortografía, y dado que el asesinato no es opción, suelo responder: "para nada". "Por ejemplo, ¿qué necesidad hay de saber escribir bien si vas a vender tornillos en una ferretería?". Y empieza mi relato:
Hay en mi barrio (solo saben que no vivo en su localidad) una ferretería, y, un domingo, me encontré con una bombilla un poco rara, que tenía un cartel: "ANTI INCESTO". Total, se entiende, ¿no? (procuro dialectalizar la expresión más allá de la cuenta para que cuele). Más de una vez estuve a punto de entrar en la tienda a advertir al dueño del error de ortografía, pero siempre se me pasaba. El caso es que, pasados un par de meses, descubrí que el cartel estaba sobreescrito, apretando con rabia el rotulador: "ANTI-INSECTOS" (no hay pizarra digital que reproduzca el sonido de la tiza para dar un toque dramático al asunto). ¿Por qué estaba tan enfadado el tipo este? Me miráis en el diccionario la palabra que parece mal escrita, y, a quien me lo cuente medio bien redactado, lo recordaré en mi testamento (ya saben que algo cae). Y no recurro a proyectar la web de la Academia, porque ya se sabe que determinados contenidos mejor macerarlos en el morbo de las conversaciones adolescentes. Al día siguiente, recojo las cuatro o cinco cuartillas (el resto se ha enterado por los tres o cuatro), y retomo la cuestión, recreándome si por casualidad les da por rehuir la definición en román paladino, es más, espero hasta que el carota le suelte la versión salvaje al alma cándida que todavía no lo ha pillado, ni lo preguntó en la entrada al instituto.
Luego llega la parte del sermón: "la ortografía sirve para que no se chotee de ti durante dos meses una barriada entera, de 20000 habitantes, por una palabra que tampoco conocía casi nadie, pero que alguien se encargó de ventilar, porque no hay cosa que más le guste a alguien que los defectos ajenos, aunque los propios sean los mismos".
Por si a alguien le sirve, quiere darle vida como propia, o le sirve de pista para otras similitudes más de acuerdo con sus circunstancias dialectales.
Queridos y escasos lectores, disculpen el excurso.
Información oficial
Acabo de saber que, al menos en principio, me traslado a trabajar en la ciudad. De hecho, pudiera ser que se acabara para siempre el coche matutino, si, en un par de meses, se confirman los detalles. Podría ser hasta hora y media diaria laboral menos, y además, después de la bromita del año pasado, hora y media de bastante tensión, por tranquilo, relativamente lento y sereno que me sienta. El cuerpo no me miente, y de hecho es el único motivo por el que acepto el traslado. Ni me hace gracia abandonar lo que tengo actualmente entre trabajo y compañeros, ni adaptarme a circunstancias muy diferentes, ni mejores ni peores, pero que no he catado en mi vida.
Ya el año pasado pareció que ocurría lo mismo, pero en este caso las posibilidades eran mucho menores, y una solemne estupidez ajena (que me asombró, pero no decepcionó) cambió el curso de la historia. Ahora la cosa es bastante más seria.
La experiencia del año pasado fue que, como parecía bastante claro el cambio, quise irme despegando de los quince años afectivos que llevaba en mi actual lugar, ir relativizando, etc. Y tanto desapego profiláctico me perjudicó. No me decepcionó la frustración del traslado, pero algo quedó flotando entre la niebla de mi cerebro, que, junto con el criminal cese del equipo directivo y el terremoto que le sucedió me ha hecho imposible conservar la inocencia de mi adhesión a todo aquello.
De entrada, me he propuesto bloquear los sentimientos al respecto, hasta que sea definitivo, negro sobre blanco. Y después... para después tengo que inventar algo, porque el desapego no resultó más que puro desgaste.
Ya el año pasado pareció que ocurría lo mismo, pero en este caso las posibilidades eran mucho menores, y una solemne estupidez ajena (que me asombró, pero no decepcionó) cambió el curso de la historia. Ahora la cosa es bastante más seria.
La experiencia del año pasado fue que, como parecía bastante claro el cambio, quise irme despegando de los quince años afectivos que llevaba en mi actual lugar, ir relativizando, etc. Y tanto desapego profiláctico me perjudicó. No me decepcionó la frustración del traslado, pero algo quedó flotando entre la niebla de mi cerebro, que, junto con el criminal cese del equipo directivo y el terremoto que le sucedió me ha hecho imposible conservar la inocencia de mi adhesión a todo aquello.
De entrada, me he propuesto bloquear los sentimientos al respecto, hasta que sea definitivo, negro sobre blanco. Y después... para después tengo que inventar algo, porque el desapego no resultó más que puro desgaste.
Cuando desperté, el profesaurio era yo
Perdón, Tito Monterroso. Pero es que esta mañana, por mi pecado de estar siguiendo el invento diabólico del chat telefónico, alguien propone una actividad muy "diver" para hacer un arbolito de Navidad... con los libros de la biblioteca. En lugar de seguir trabajando en mi retrasada labor, mantuve el diálogo de sordos entre mis compañeros diver-chupi-guay y yo. Afortunadamente, Mafalda puso, suave pero firme, pie en pared.
Y entonces me vino a la mente aquella vez que otros profes diver-chupi-guay no podían realizar una actividad, se suponía que importante para el trago de pasar a Secundaria, porque ya andaban apurados con la función de fin de curso.
También se me pasa por la cabeza el huracán de murales que lleva unos años viviendo mi centro. En los añitos del reciclaje aquello fue una cacofonía de estridencias cromáticas. Eso sí, debió de ser muy efectivo porque nunca como ahora ha estado el patio tan lleno de plásticos desparramados para que, tras el recreo, vengan los adultos a recogerlos para su reciclado.
La inspección nos tumba por inválido todo lo que no sea divertido y se ajuste a sus patrones. De hecho, a veces siento como si me hubieran encerrado en un campo de reeducación.
Padres/madres y muchachas/muchachos, e incluso titos/titas y abuelas/abuelos (¿o lo pongo con arroba, que era como se pesaba a los gorrinos o se medían los bocoyes de morapio?), se quejan de que soy aburrido, de que ponen las definiciones al pie de la letra y no les puntúa porque pido explicación en la pregunta, de que me paso el día preguntando el porqué de lo que esté impartiendo...
Hay quien ha dicho que determinado contenido sobre el que hago, lo confieso, demasiado énfasis, era "una cagada". Porque, claro, intentar que relacionen el discurso de la telenovela con la narrativa, la publicidad con el uso espurio de la función poética, las variantes diastráticas como sistema de dominación social, la necesidad de presentar un escrito, por ejemplo, el del examen, usando el registro adecuado... es que estoy out.
Creo que va llegando el momento de desplazarme a un centro, apolillado pero intocable para la inspección, tragarme mi formación (al fin y al cabo, lo que importa es lo que viene en los decretos y en los libros de texto, el resto es afición, tal que si fuera experto en filatelia) y dejar pasar las clases hasta que me jubilen por inútil.
Y entonces me vino a la mente aquella vez que otros profes diver-chupi-guay no podían realizar una actividad, se suponía que importante para el trago de pasar a Secundaria, porque ya andaban apurados con la función de fin de curso.
También se me pasa por la cabeza el huracán de murales que lleva unos años viviendo mi centro. En los añitos del reciclaje aquello fue una cacofonía de estridencias cromáticas. Eso sí, debió de ser muy efectivo porque nunca como ahora ha estado el patio tan lleno de plásticos desparramados para que, tras el recreo, vengan los adultos a recogerlos para su reciclado.
La inspección nos tumba por inválido todo lo que no sea divertido y se ajuste a sus patrones. De hecho, a veces siento como si me hubieran encerrado en un campo de reeducación.
Padres/madres y muchachas/muchachos, e incluso titos/titas y abuelas/abuelos (¿o lo pongo con arroba, que era como se pesaba a los gorrinos o se medían los bocoyes de morapio?), se quejan de que soy aburrido, de que ponen las definiciones al pie de la letra y no les puntúa porque pido explicación en la pregunta, de que me paso el día preguntando el porqué de lo que esté impartiendo...
Hay quien ha dicho que determinado contenido sobre el que hago, lo confieso, demasiado énfasis, era "una cagada". Porque, claro, intentar que relacionen el discurso de la telenovela con la narrativa, la publicidad con el uso espurio de la función poética, las variantes diastráticas como sistema de dominación social, la necesidad de presentar un escrito, por ejemplo, el del examen, usando el registro adecuado... es que estoy out.
Creo que va llegando el momento de desplazarme a un centro, apolillado pero intocable para la inspección, tragarme mi formación (al fin y al cabo, lo que importa es lo que viene en los decretos y en los libros de texto, el resto es afición, tal que si fuera experto en filatelia) y dejar pasar las clases hasta que me jubilen por inútil.
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