lunes, 4 de enero de 2016

Pequeño aviso

No he dejado de tener cosas que contar. Antes al contrario, tengo una bonita mezcla de (malas) emociones que pelean por la primacía sobre mi ánimo. Pero la Inquisición Educativa me tiene atrapado, Sísifo entre exámenes y miles de memorias absurdas donde decir la verdad, o lo que me parece verdad me costaría bien caro, y nunca fui un héroe. Se trata de borrar las huellas de todo lo hecho fuera del sendero trazado, y esconder los errores, porque ningún inquisidor va a creer que quieres hacer las cosas de forma diferente a lo que has hecho, y el año que viene te castigará por haber querido rectificar.
A eso hay que sumar las varias batallas en las que sigo metido, ganapierdes tristísimos. La solución es negar la mayor y retirarse a la Epístola Moral a Fabio, pero dejaría abandonadas a personas, lo que ya está mal, y encima personas queridas.
En fin, mi elegidamente minoritario grupo lector, que en una semana volveré, eso si no se interpone cierta amenza, precisamente inquisitorial.
Aunque no sé de qué me quejo, si ahora mismo, además de la Inquisición Administrativa y la inquisición de la autocensura, tengo dos inquisidores en casa.

Volveré, que dijo McArthur.

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Francamente, si ha captado la facilidad con que mi ánimo se encrespa, imagino que entenderá que modere comentarios. Aunque año y pico de una experiencia anterior no me ha obligado a censurar ninguno, nunca se sabe.