domingo, 3 de enero de 2016

Desolación vocacional

Reordenando circulares recibidas, por obligación, me he vuelto a dar de bruces con la dura realidad: la "escuela oficial", la "escuela real" y los verdaderos "educadores".

Los "verdaderos educadores" requieren poco comentario, tanto por los contenidos como por los agentes. Si quieren ver un exabrupto mío sobre quiénes son y cómo actúan, no tienen más que echar un vistazo a este post, como botón de muestra.

La escuela oficial requiere una enciclopedia, pero solo voy a señalar algunos rasgos:

  • Exigencia de obediencia sumisa a las directrices no ya generales, no ya metodológicas hasta dentro de clase, sino incluso del pensamiento personal de los profesores. Hemos reaterrizado en el "curriculum a prueba de profesores"
  • Establecimiento no de unos valores que promocionar y defender, sino de ideologías, por un lado de "pensamiento débil" en la que todo cabe (mientras lo diga el que manda o sus aduladores), pero "implantación fuerte", impuesta por la administración. Cualquier día, para enseñar en una autonomía procediendo de otra, vamos a tener que presentar un certificado de que el gobierno autónomo de llegada es del mismo signo que el de partida.
  • Explosión de propuestas didácticas donde lo que importa es la apariencia final sobre el proceso interior educativo.
  • Clarísima división entre lo bueno y lo malo, de forma adoctrinadora, seguida de la inacción autocrítica.
  • Recompensa a los seguidores de las manifestaciones de adhesión inquebrantable, relacionadas en largas listas.
Los cerebros de estos asuntos deben de tener un culturón comunicativo, porque han superado a todos esos autores a los que les hemos leído que la forma de comunicar (y enseñar tiene una base así) condiciona el mensaje. 

Concretamente, ahora que se avecina el aniversario del asesinato de Gandhi, toca hablar de la paz en toda la escuela. Le llega a uno, porque la rigidez piramidal ordena y tiene prevista la difusión, un paquete de qué, cómo y para quién, se dice lo que hay que hacer. Uno, que generacionalmente no pudo conocer la educación "en valores" proporcionada por el nacionalcatolicismo escolar, pero que ha leído a favor y en contra, especialmente en contra, tiene dificultades para diferenciar las formas usadas. Uno que, cristiano nada contento con la forma de hacer las cosas en aquella época, que tuvo y tiene la suerte de recibir formación religiosa abierta por parte de curas, frailes, monjas y laicos/as "rebeldes" todos, no puede entender ni que el clero reaccionario promueva el regreso al boato, las "macromanifestaciones" religiosas e incluso las "misiones populares" ni que este "clero laico" (lamento decir que no es un oxímoron, sino una metáfora), monte chiringuitos idénticos, cambiando solamente los dibujitos del centro de las insignias y los términos considerados "sagrados" .

Con una triste diferencia: a aquellos/estos curas y obispos no es dejaban/dejan leer a George Orwell (por poner un ejemplo facilito que entiendan esos pijoprogres), y estos tipos presumen de conocérselo como la palma de la mano.

Malos tiempos para el pensamiento crítico, para defender valores de verdad continuamente enfangados y salpicados por el fariseísmo biempensante (de ambos signos) que aspira a controlarlo todo, y tiene, esta vez, medios poderosísimos.

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Francamente, si ha captado la facilidad con que mi ánimo se encrespa, imagino que entenderá que modere comentarios. Aunque año y pico de una experiencia anterior no me ha obligado a censurar ninguno, nunca se sabe.