martes, 5 de enero de 2016

Cosas veredes... moral, discriminación, violencia de género

En mi rojísimo, coeducador, integrador y progresista centro, donde ya saben a lo que me dedico, se me ocurrió proponer a los alumnos de bachillerato un ejercicio quizás un poco gamberrete, pero a kilómetros de lo que ven todos los días en la calle y en casa:
Pues nada, que desde las alturas me ha llegado un susurro, y, para evitar conflictos, he cambiado la entrada.

Por cierto, en medio de este ataque de moralidad ursulínica:

  • el chico emigrante semianalfabeto sigue sin tener acceso al aula de apoyo,
  • la chica china con más que previsibles problemas mentales sigue en clase como un mueble, y no tengo ni una pauta para trabajar qué leche sé yo con ella,
  • la otra chica china que apenas sabe decir dos palabras de español, que pone una voluntad de hierro ya ha conseguido un diccionario de juguete que he conseguido rescatar de un aula abandonada donde me dijeron que había material, le he puesto como monitora a una compañera a la que no le viene mal esforzarse en entender y explicar cuatro ideas. Una profe compañera me ha prestado su ultraportátil, apañándose con su móvil, y así puedo ponerle un programa de autoaprendizaje de español que he encontrado yo por casualidad... y por pasarme una madrugada buceando en la Red.
Eso sí, para el día contra la violencia de género (que no consiste en aprovecharse de una madre sola que no sabe español para favorecer a unos papás enteradillos y con los papeles más que estudiados, y así cambiar de clase a un niño bien por una niña emigrante), me asignaron por decreto una hora de mis clases:
  • solamente media hora para:
    • intentar desmontarles las chorradas neomachistas y plantearles los porqués profundos de "sentimiento de objeto-propiedad", aunque sea al nivel de comprensión de doce años. Bueno, eso no me lo pidieron hacer, pero ¿tenía algún sentido la actividad sin eso?
    • leer un panfleto lamentable y sentimentaloide sobre obviedades, bajo el interesante enfoque (qué desperdicio de idea con tan lamentable medio) de hablar de lo que serían "buenos tratos".
    • que los chicos escribieran una frase desde ese enfoque (a toda prisa, claro, para qué meditar e interiorizar, o compartir y meditar).
  • como me pasé cinco minutos en intentar un simulacro decente de lo anterior, se me aparece la coordinadora, con mucha prisa, para que bajaran al culmen de la actividad: a cada chico se pringaba la mano de violeta, la plantaba en un papel continuo blanco (¡qué original!) y pegaba su notita, evidentemente no contrastada.
Ciertamente , no pude menos que ver otros murales similares. Muy divertido. Eslóganes tan interesantes como "ama y serás amado" y otras llamadas a la concordia igual de naïves. Eso cuéntaselo a la señora con un pómulo reventado por un palo del machote, que jurará que la ama sobre todas las cosas, y el muy animal hasta se lo cree.



Cosas, cosas veredes...

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Francamente, si ha captado la facilidad con que mi ánimo se encrespa, imagino que entenderá que modere comentarios. Aunque año y pico de una experiencia anterior no me ha obligado a censurar ninguno, nunca se sabe.