sábado, 20 de febrero de 2016

Todo tenía que llegar

Llegó el "ya hablaremos" del colaboracionista director. Como no quiero terminar de ennegrecer la mala sangre que me produjo la entrevista por los modos, maneras, veladas amenazas e insultos (a partir de ahora llevo la grabadora, y voy a mi abogado con la grabación), porque el discutible contenido fue comparativamente lo de menos, ya contaré.

La escala de las excusas (vale para los cambios de etapas, o los cambios dentro de la misma etapa)

Cuando se propone que los chicos empiecen a hacer algo diferente, complejo o ir sometiendo a normas progresivamente más estrictas, para que funcione de verdad, una actividad, surge, entre los quintacolumnistas del sistema, la siguiente escala, según pasan, para no poner coto, no los meses, sino los cursos, aunque por fuera juren que las cosas hay que graduarlas:

a) "Son muy pequeños para eso"
b) "Todavía no tienen madurez suficiente para eso" (mi mote particular para cuando dicen esto es "otro que hizo la tesis sobre Piaget en Harvard")
c) "Es más importante conseguirlo con la actividad X (de dos etapas más atrás)
d) "Tú es que no conoces la realidad de la clase" (Evidentemente, yo me dedico a vender castañas en invierno, y luego me paso al algodón de azúcar cuando mejora el tiempo)
e) "Es que esta clase no admite esta dinámica" (Pero no vas a molestarte en trabajar una aproximación, con lo bien que te va tratarlos como retrasados escolares -ojo, no como necesitados de adaptación-)
f) "¡Es que con esta clase es imposible!" (junto con todas las demás que jamás cataron el ajuste del sistema)

Y no, no estoy hablando de implantar las ecuaciones bicuadradas en Infantil de tres años, el ejemplo (de entre muchísimos que podría citar) que he tenido en la cabeza es el debate en clase. Ese invento genial, y que, aun antiguo, no va a pasar de moda, del que me hablan los profesores de Infantil, de la "asamblea de clase", pasa, según los cursos diversas versiones en las que las cuestiones de orden y procedimiento se aplican con progresivo rigor o no, según la catadura de quienes tienen la obligación de enseñarles eso. A los de "la escala de excusas" los suple Sálvame, que ese ingeniero social sí que no falla ...y así se encuentra uno clases en segundo de bachillerato donde tratar un tema de respuesta abierta es un guirigay inmoderable que no lleva a esclarecimiento alguno.

sábado, 13 de febrero de 2016

Salutación del pesimista a la "sangre de Hispania fecunda"

En los Estados Juntitos de América ha sido habitual de toda la vida realizar estudios enviando cartas masivamente con encuestas y procesando las que regresaban. La bofetada europea siempre ha sido de cajón: "Guapetón/Guapetona/Feo/Fea (ver nota pie de entrada): no has tenido en cuenta lo que opinaban los que han tirado a la basura tu encuesta, que a lo mejor desmentían tus resultados".

Llegó Google, que tiene una herramienta para hacer cuestionarios (magnífico invento, por otra parte), y un departamento de didáctica dice que quiere estudiar la LOMCE (pa qué, me pregunto, si se tratara de un departamento de Derecho Administrativo...), y ha enviado a todo centro muriente, con petición de difusión, un enlace, en el que comienzan haciendo la pelota sobre la importancia de escuchar al profesorado/profesorada (misma nota) para hacer leyes educativas. El que ha escrito el prologuillo es o un becario más inocente que un cubo o un jefe de equipo más falso que Judas, que algunos tenemos memoria de la "permeabilidad" de los psicólogos y pedagogos que fueron llamados a escribir la supuesta base de las reformas y contrarreformas, de su silencio cuando los políticos deformaban lo que habían hecho, y de lo críticos que se ponían cuando caían en desgracia y, en vez de dar entrevistas, suplicaban que les admitieran artículos en revistas de segunda.

Me ha pillado con el día tonto, y como había un apartado de "diga Vd. lo que quiera", aunque el sesgo de la encuesta era bastante evidente, mecanismo encubridor incluido, en vez de meterme con que hay que aprender a mentir, me ha dado por explayarme, en el tono que les copio:

Entiendo perfectamente que un estudio científico requiere acotación (tengo un ejemplar de mi tesis doctoral lleno de notitas pegadas sobre temas clave de mi campo de estudio que no pude abordar, y de vez en cuando una de esas notitas da lugar a un artículo, que en realidad podría ser la introducción a un libro, cosas de los trabajos teóricos en parcelas poco tocadas, por "desagradecidas" en una disciplina concreta).

Vdes. verán si merece la pena ampliar contexto o dejarlo en un prólogo teórico, primo hermano del prefacio de la LOMCE (a favor o en contra me es indiferente), las inevitables tablas estadísticas sobre los puntitos marcados en las encuestas, y la interpretación que hagan sobre ellas. Eso sí, si tras el trabajo final se conecta con el periodista adecuado, tienen asegurado un titular en los medios. Si el director del estudio tiene la consideración de publicitar los nombres de los investigadores "rasos", una de las preocupaciones de la catedrática que dirige mi Grupo de Investigación, a la que se le da un ardite el autobombo, algo habrá hecho por mejorar el panorama de perspectivas laborales de los "jóvenes" (los conozco de 40). Que una cosa son los recortes y otra el apoyo prioritario a aquellos buenos investigadores que cualquier jefe de equipo tiene en su mano hacer, si obvia su vanidad y sus chiringuitos de privilegios. Espero que esta investigación sea del primer tipo de director que he mencionado.
La LOMCE, hasta donde han llegado mis lecturas, muy en desacuerdo con las de los "apologetas" y "detractores" de la misma, apenas es una leve variante de los problemas nucleares que percibo en el cambio de modelo educativo que supuso ya el experimentito de la REM y las sucesivas leyes orgánicas. La LGE, que llegó a estar "domesticada y pulida" a base de un parcheo y una práctica, digamos "relajada", de la misma, era inviable en el modelo de sociedad que teníamos encima. Pero el modelo base de todas las legislaciones posteriores parte de varias fantasías que se impusieron a los encargados de diseñarlo, y que, por razones de cálculo político-electoral fue "remodelado" por políticos:

1) El nuevo alumno es una criatura curiosa deseosa de comprender cosas del mundo que le rodea, vengan o no vengan en el "temario" (llamar "curriculum" a lo que viene en el BOE y versiones autonómicas es un insulto al concepto y a la inteligencia).
2) La educación pivota sobre los centros de enseñanza, ignorando incluso la concienciación de padres (que tampoco tienen la voz cantante), y los medios de comunicación de masas son ignorados (alguien podía haber leído a Masterman), cuando sabemos su papel de ingenieros sociales (Stalin estaría alucinando con las posibilidades que ahora tendría; Goebbels ya lo sabía, pero no tenía tantos medios técnicos).
3) Hay fondos ilimitados para gastar en educación. Entre pitos y flautas, llevamos perdidos casi treinta años en trabajar en un modelo educativo "de lujo" sostenido por una "economía de guerra" (incluso durante la época "de la burbuja" faltó dinero y medios para educación). Quizá algo más mediocre pero realista hubiera salvado del fracaso a más alumnos.
4) Con que aparezca la palabra "integración" en el texto legal, ya se cumple. No hemos salido del modelo que los especialistas denominan de "integración salvaje".
5) Transformar a golpe de decreto. El endurecimiento de la cadena de mando ha sido progresivo, hasta el punto de entrometerse burocráticamente en aspectos científicos, tanto de las "materias de clase" como de la Pedagogía como ciencia. Ya comentó el colaboracionista Gimeno Sacristán, cuando fue apartado del club de los "elegidos", que la LOGSE "había hecho psicología desde el BOE".
6) El profesorado se iba a dividir entre "los liberados por el nuevo enfoque" y "la carcundia acomodada". La dinámica formativa del profesorado, aparte de una chapuza de orden galáctico, desde un principio, fue de lo menos didáctico. Mi instrucción militar, comparada con el discurso recibido nada más llegar al primer cursillo sobre REM al que llegué, fue Summmerhill. La división fue provocar multitud de problemas artificiales que favorecieran a una parte de profesores y luego a otra distinta, de forma que el guerracivilismo mantuviera dividido en grupúsculos de alianzas inestables a los profesores, mezclando cuestiones científicas, didácticas, sindicales y gremiales, bien mezcladitas. Ciertamente, esa fue una técnica usada en la 2ª Guerra Mundial para disciplinar a la escoria que formaba las clases de tropa norteamericanas, pero esos soldados solo tenían que matar alemanes en la dirección que marcaban los sí preparados y organizados oficiales de West Point, y ya se encargaría la propaganda de ocultar las violaciones y pillaje que acompañaron a la "liberación". Diría que esa no es la función de un educador y que, multiplicando reuniones de coordinación de horas y horas, no se consigue la camaradería que permite acuerdos de tres minutos cruzándose por el pasillo.
7) Los psicólogos y pedagogos iban a ser la clave de la adaptación al nuevo sistema. Fueron insertados como espías y comisarios políticos, pero a la vez ninguneados desde arriba cuando la Administración no quería oír las incoherencias que veían. En ningún momento se trabajó con el resto de profesores la llegada de colaboradores valiosos que iban a aliviar las angustias de un profesorado ante la avalancha que se le venía encima, más las disfunciones anteriores. Tuve la inmensa fortuna de contar en un destino anterior con personas muy interesantes que (a fuerza de desgaste personal) lograron ser aceptados como compañeros. Es más, el guerracivilismo en este caso ha sido brutal, y todas las administraciones de todos los partidos han fomentado conscientemente esta permanente fuente de dolores de cabeza.

Y aquí paro, aunque haya más que contar. No obstante, si alguien tiene curiosidad por saber qué clase de desequilibrado mental ha escrito esto, tengan mi correo: juvenal@dondehabiteelolvido.net


[Preguntitas sobre el Libro Blanco]


Aunque estuviera hecho al dictado por el sobrino tonto del ministro que sea, el día en que vea un Libro Blanco consultado en serio por un político español (del gobierno o la oposición) para debatir la política educativa y no generar titulares, iré a mi médico para advertirle que el paracetamol lo están adulterando con LSD.


 NOTA A PIE DE PÁGINA: es que me están intentando educar en ser no sexista, quitándome el tiempo que necesito para trabajar con la hija de la madre divorciada a la que el marido ha logrado dejarla sin un duro por una artimaña legal, que eso también es maltrato. En mi nuevo destino, aunque ya me han contado intimidades feas, todavía no me ha tocado apoyar a ninguna maltratada física, aunque alguna psíquica me la estoy viendo venir.

lunes, 25 de enero de 2016

Exienplo del mançebo que casó con muger muy fuerte e muy brava

La ce cedilla (no la necesitaba en aquella época para sonar así ante -e/-i) y la tilde en la o (que no estaba la cosa para gastar tinta y pergamino, pero me dañaba la vista dejar viuda la vocal tónica) sobran, pero una cosa que no varía en mi conducta es la de que ni la ortografía medieval te estropee un título resultón.

Otra de mi rojísimo instituto, cuyo director sigue simpatizando a boca llena con un rojísimo sindicato, y en claustro lo proclama. Concretamente, ese sindicato que se atribuye (¿cuál no?) el logro de que legalmente no se superen las horas fijas establecidas de permanencia. El gobierno de la taifa lo ha solucionado por la vía rápida: actividades inaplazables e imposibles de soslayar, que se hagan fuera de ese horario, pero que se hagan. Un logro maravilloso.

Pues bien, siendo tan rojísimo, y tan meado en los pantalones (como me he encontrado el centro entero, frente a tanto centro que plantó cara a los equipos de "hombres de negro" de la Inspección) con el seguimiento del Plan para poner muchos aprobados (le buscaron un nombre más bonito, claro), le llegan cuatro madres chillando porque sus niños suspenden mucho mi asignatura de bachillerato, y va y se comporta como el dueño de una academia de tres al cuarto. Menos mal que no puede despedirme, como hicieron con un excelente profesor de cierto chiringuito pseudouniversitario pastocrático y sin homologación (laico, ojo, por si entre mis escogidos y escasos lectores se ha infiltrado un cerebro jibarizado), porque los alumnos no es que se quejaran de él, sino que cuando explicaba teoría de la comunicación preguntaban en sus círculos "qué se habría fumado el tío ese", al usar términos que no les aparecían en sus libros del tema uno de 1º de bachillerato.

Como todavía estoy a cala y prueba (eso se han creído), me ha dejado caer, vía departamento, que suspendo mucha gente, a lo que he respondido que era lógico, si estoy eliminando estupideces del año de maricastaña del libro de texto y no toman maldita la nota, mientras charlan cual alegres comadres de Windsor. Que me dejan exámenes en blanco y que se quejan de que mis preguntas sean del tipo de "relacione...", "invente un ejemplo que demuestre el concepto X", etc. O que respondan, dicho en bruto, una pregunta que alude a la página 23 con la clasificación de la página 38, que no tiene nada que ver.

No podré negar que ya me lo advirtió, con buena voluntad, una persona que se ha plegado al sistema de preguntar los epígrafes del examen, que confesó haber sido, en otras épocas, quijotesca, y que me propuso "írmelos ganando poco a poco", por supuesto, con preguntas de epígrafe. A mí, que el bien tramado final de El Quijote lo admito como lector informado, pero me da tres patadas. Para eso, prefiero la más clarita lección de El Licenciado Vidriera.

Mira por donde, hoy les tocaba recuperación: al ser folios a doble cara, he tenido que tirar la mitad de los exámenes por incomparecencia. De la otra mitad, más de uno y más de dos que dejaban el mapa de la península (dividido por autonomías, para que no se despistasen demasiado) sin siquiera poner las lenguas de España. Me tropiezo con el aguerrido defensor de las academias de tercera pagadas con dinero del Estado, y, ante el par de exámenes que le muestro, junto con la observación de las multitudes que no toman una maldita nota o se dan a la charla, oh, casualidad, salta con que "estudiantes malos ha habido siempre" y que el problema es que mi índice de aprobados "difiere del de otras asignaturas" (sobre lo que habría de qué debatir), y que "ya hablaríamos".

Y tanto que hablaremos. La censura casera ya ha saltado con que no puedo decirle que me podrá hacer la vida amarguísima, pero que yo no soy domesticable. Ya sé que es un pecado, en los nuevos sistemas educativos, poner exámenes "de pensar", y, sobre todo, esos de "con el libro y apuntes por delante", teniendo en cuenta que servidor no lleva una respuesta prefabricada para corregir, sino que descuenta por la gravedad de los deslices, y conclusiones erróneas pero sin barbaridades cuentan para bien al calificar...

No, no me molestan otras críticas recibidas, que además coinciden con "agujeros" míos y aciertan. Pero un tío que se aprovecha de una inmigrante china que casi desconoce el español para meter a su hija en el peor curso, que se la sopla que un profesor se le ofrezca a dar clases de refuerzo en lugar de buscarse un apañito poco trabajoso para cubrir horario, que ahora se la coja con papel de fumar para maquillar estadísticas, y se mee en los pantalones por madres chillonas y por una inspección... mira, métete la sonrisita por donde te quepa.

Eres un colaboracionista de la clase opresora. Es verdad, defiendes a muerte la escuela pública. Pública, porque es para ofrecerle al público lo que pide, no lo que necesita, y pública, porque defiendes al patrón de la escuela pública, que solo quiere tener contentos a los "clientes-votantes", aunque le esté vendiendo mercancía adulterada. ¿Ves? En eso soy "un facha". Me da igual quién sea el dueño del edificio, mientras que haya escuela para todos y con las mismas oportunidades. Me corrijo: con más oportunidades para el que más lo necesita. Que, en el estado actual de la sociedad, no debe depender de almas caritativas y fundaciones bondadosas, sino del Estado que pide dinero (dice que para garantizar los derechos), y que el único límite a las privacidades es no troquelar infantes ni jóvenes (¡cuánto adoctrinamiento de catecismo barato, no puesto en práctica, disfrazado de "programa de concienciación", escrito en tinta oficial!).

Yo, en mi calidad de Señor de los Zafiros, proclamo que solo defiendo la Enseñanza: es decir, dotar de herramientas a niños y jóvenes para defenderse de una sociedad que no se corta un pelo en convertirlos en piezas de producir y, sobre todo, consumir, y ampliar sus horizontes en busca de una perpetua falta de certidumbres y un continuo esclarecimiento de ideas propias. Enseñar para la libertad.

jueves, 21 de enero de 2016

Carta a Diego

ENTRADA ACTUALIZADA

Perdona, Diego, que empiece enrollándome sobre los considerandos generales, pero ya estás en un lugar donde hay muy buena compañía y desde el que me entiendes.

Me ha ofrecido el cara-libro uno de los impecables exabruptos de mi vitriólico y admirado-odiado-no-sé-cómo-definirlo Pérez Reverte, y es el primer grito que necesitaba, y lo suelto. Por cierto, perdón a las putas, que no a la aplicación a los progenitores que tan hábiles abogados han puesto para "salvar" a sus hijas. Cierto que ellas no matarán a otra niña (espero), pero, saliendo tan barato el asunto, están contribuyendo a la impunidad con que se siente la generación de la que estamos hablando.

Dicen por ahí que en Santa Finlandia solucionaron el problema de Diego, y no voy a discutir sobre ello. Pero...

El programa finés contra el acoso escolar tiene una grave pega para la adaptación a esta España de charanga y pandereta, devota de Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez. La moral calvinista que impregna los huesos del ahora casi ateo país ("oficialmente" ya lo ha conseguido por estadística Islandia) hace que la consideración de tolerancia con cualquier desvergüenza implique bajeza moral. Y la conciencia de bajeza moral, dado que antaño llevaba al infierno, ahora lleva a los índices de alcoholismo y suicidio que sufre la fría tierra de los bosques. El que la repudia, automáticamente entra en el colectivo de los predestinados a la salvación del alma, ahora a la ejemplaridad ciudadana. Por tanto, con recursos (no una charlita de cuarenta y cinco minutos, y tres pósters por los pasillos, que con el generalizado pitorreo y distracción ni se escucha la una ni se miran los otros, que aquí los comedores escolares no tienen semáforo antirruido), un programa que "desprivatiza" el acoso y lo pasa al ámbito de la moral pública, no reúne chivatos, sino salvadores de la moral público-privada (de difícil deslinde allí).
En Japón, por razones distintas a las del nórdico país de los bosques, también pasaría algo parecido. Me comentaban de una japonesa, afincada en estas Batuecas durante un largo tiempo, que se había enamorado de esta tierra, que le costaba digerir algunas cuestiones allí dadas por sentadas, pero que lo que no terminaba de encajar, por más que lo intentaba, este espíritu de "omertá" que pulula por aquí. En el complejo y contradictorio País del Sol Naciente, el sinvergüenza, aparte de ser considerado un ser despreciable, si se evadía de la autoridad, manchaba el honor de la clase, con lo que el denunciante o denunciantes solamente eran colaboradores de la salvación del honor de la clase. La presión de la clase no era agresiva, sino mucho peor: te ignoramos, quisiéramos que no estuvieras aquí, no eres de los nuestros. En cuyo caso solo hay que trabajar con que acosar a otro alumno es una forma de deshonor muy superior a cualquier falta de honor que implique acoso.
Ahora explíquenme cómo se aplica un programa de concienciación en la tierra de Rinconete y Cortadillo, donde ser ladrón estaba bien, mientras se entregara la limosna correspondiente en la casa de Monipodio, y no se fuera hereje (ortodoxia, no ortopraxis). Que esta es la España donde se mira para otro lado si el ladrón es de los nuestros, y la poca conciencia de daño público que queda se emplea en hacer más virulenta la diatriba cuando roban "los otros". Donde "chivato" es el chaval que se queja de que su compañero le está taladrando la mano con el compás solamente por aburrimiento... y pretenderemos concienciar... Estoy harto, hartísimo de malos tratos confesados por padres (madres, sobre todo), y de que los vecinos no escupan por la calle al maltratador. Estoy harto, hartísimo de chulos de mierda desde la preadolescencia que, cuando hay que sancionar, te encuentras con un coro en TODOS LOS ESTAMENTOS DE LA ENSEÑANZA que empiezan con diversas interpretaciones de la partitura de "son cosas de chiquillos". Que el menos malo de los desenlaces sea un castiguito, o una expulsión o semiexpulsión que les resulte un premio, a modo de vacaciones, porque no se les puede obligar de forma práctica a cumplir las tareas complementarias obligatorias, ni a reparar la falta. No se reparan las faltas.
Lo más suave para el profesor puede ser que quede encerrado en una montaña de papeles que rellenar y justificar,siempre bajo la presión de que le puedan encontrar un defecto de forma o una expresión no totalmente clara que le "haga perder la jugada", para risa del implicado y sus amiguete son,que esas desautorizaciones se notan de inmediato: a los cinco minutos ya piensa el instituto entero que tu autoridad importa un pimiento. Naturalmente, quedan las maravillosas conversaciones con papás o mamás asesorados por el listillo de turno, donde lo más suave es ser desmentido e ignorado: luego vienen las acusaciones, las voces, e incluso las amenazas.
No, no era este pobre Diego alumno mío hasta hoy, que ya lo es. Doy por bien empleadas las horas de MI TIEMPO (porque esas montañas de informes se comen el que debiera dedicar a otras cosas, que a su vez se me lo comen del sueño), cuando he conseguido, a veces no del todo reglamentariamente, frenar o atenuar algún caso. Pero por el bien de esos Diegos-persona, no por el de alumnos a los que me ponen trabas para proteger.
Cuando el papanatas de turno escriba una circular ordenando que incorporemos a la larga lista de gilipolleces (bienintencionadas todas, pero inconexas y con casos de una estupidez de fabricación de materiales sonrojante para instancias académicas) que hemos de incorporar tres sesiones de catequesis Ripalda con una proyección a unos programas docentes que, por repetitivos, desorganizados y mal ubicados sobrecargan a todo buen estudiante de Primaria o Secundaria (el que no palo al agua, pasa igual de curso), puede que me encuentre un poco más borde esta vez.
El panfilismo de tantas fichas y cartelitos que viste, dibujaste, colgaron en tus clases, te hicieron copiar, esos Días de La Paz en que tu clase escribió frases preciosas en rollos de papel continuo blanco, esas manitas blancas que recortaste y te hicieron pegar... te ha matado también, por encubrimiento y omisión.
Yo también, lo confieso, he sido tu asesino. Porque no he pegado un puñetazo en las mesas de coordinación, porque no era suficiente mi lucha por el respeto, porque debí decirle a la cara a los perroflautas con corbata que, o imponían programas de reeducación drásticos para niños y padres irrespetuosos, o nos dejaran las manos libres para que el primer insulto no saliera gratis en este sistema educativo pseudopaidocrático en que acaba ganando el infante más bestia.
Te he fallado. Me ha ganado, en un cierto porcentaje de veces, el cansancio o el miedo a consecuencias laborales.
Perdóname desde ese cielo en que El Padre te estará acariciando, y a cada caricia te está quitando un golpe recibido, un insulto que te rasgó el corazón. Junto con los besos que les envías a tus padres, envía abrazo a este profesor que podía haber hecho más con esos otros Diegos con que se ha tropezado y se tropezará.
Pídele al Padre que ningún gilipollas religiosamente desinformado saque de madre la teología del suicidio y les meta en la cabeza a tus pobres padres cosas que repugnan a la recta doctrina. Para que entiendan que Dios tiene muy claro que un niño maltratado y exasperado no tiene la obligación de saberse el procedimiento burocrático de denuncias y protocolos concretos y ha optado, desde la inocencia de sus once años por un cambio brusco de Centro Educativo.

domingo, 17 de enero de 2016

Confesiones de un profesor de la generación X


Lo pongo en forma de enumeración, o se me apolillan las ideas.
  • Llegué cumpliendo las condiciones que me pusieron para ser profesor. 
  • Cuando aterricé, se me obligó a besar el suelo por donde pisaban los héroes del los Movimientos de Renovación Pedagógica (por cierto, yo no sabía que eran tantos, ni que se convertía en héroe uno que era primo de un amigo de uno que fue a un cursillo en el que alguien explicó una forma alternativa).
  • Entonces, llegó la Reforma, y reformaron. Parte de los héroes de los MRP reformó sus condiciones de vida, escalando en los puestos de la pujante y nueva Consejería de Educación, aunque lo que se dejaron sin reformar fueron los métodos dictatoriales y tridentinos con que se imponían las cosas. Otra parte, que no "pilló cacho", reformó su actitud, combinando su lucha contra las altas esferas con el desprecio y pisoteo de los que vinimos después, y eso que no nos había dado tiempo a abrir la boca. Un tercer sector reformó su optimismo en el cambio y descubrió que no le quedaba otra que seguir trabajando bajo la represión, eso sí, reformando las formas de resistir porque los de arriba conocían los anteriores métodos de resistencia.
  • Se experimentó la Reforma. Se destinaron cuantiosos fondos al asunto, pero todavía nadie ha mostrado una sola publicación en la que se demostrara, aun con estadísticas falseadas, las mejoras. Todo se tapó bajo la manta de una "evaluación cualitativa", que no era ni lo uno ni lo otro. Como en aquel antiguo artículo de Unamuno sobre el tipo que le metía mano a una chavala por la calle, las pegas eran tapadas como aquel chulo calló al padre: al grito de "Fascista!". Alguno era un poco más fino, y te llamaba "academicista" y "antipedagógico" (como si hubiera estudiado algo sobre la materia el insultante).
  • A la llegada de la Reforma, empezó el bombardeo, por cierto, nada "selectivo". Todo cursillo, conferencia, etc., comenzaba por una enmienda a la totalidad no de los métodos anteriores, sino de la condición mental, actitudinal y moral de los que estábamos allí. Cada vez que señalaba alguien una pega, la rociada de insultos era vergonzosa, tanto más fuerte cuanto más fundada en tu materia o en la teoría didáctica estaba. Lo segundo era más peligroso, porque entonces tenías, además, el "fuego amigo" de los que estaban sentados a tu lado. El cursillo seguía por una explicación estilo Ripalda de lo que tenías que hacer, decir, pensar, un vocabulario esencial (aunque el ponente no tuviera repajolera idea de las implicaciones teóricas y técnicas de cada término), y finalmente, una sesión de anatemas. Obviamente, los insultos salpimentaban el discurso entero, que culminaba en las amenazas (en aquel entonces difusas, pero ciertas) a quien se desviara del cumplimiento de las consignas libertadoras.
  • Aunque el resultado estaba ya decidido, llegó la guerra civil, ganas de marcha que tenía la gente. Los centros fueron un permanente Stalingrado durante años. Lo más doloroso para mí fue la denigración del pensamiento y del estudio. Guantazo por antididáctico si hablabas desde los presupuestos de tu materia y lo que creías que aportaba a tus chavales, o cómo conectar con ellos a través de un replanteamiento teórico. Guantazo doble si se te ocurría tirar de un libro de pedagogía o psicología. Porque, quede claro, para ambos bandos no había más psicopedagogía que la que aparecía en las toneladas de fotocopias, emitidas desde las alturas, que circulaban. Juntitas y empaquetadas, hubieran servido para destruir Guernica sin gastar un gramo de explosivo, solo por la fuerza de la gravedad.
  • Cuando la mitad de mi pre-generación de profesores logró aplastar moralmente a la otra mitad (nosotros no pintábamos nada, tú calla y métete en clase, que para eso cobras, nos decían ambos bandos), empezaron las disfunciones del sistema. Aquel proyecto de lujo había que ejecutarlo con una economía de guerra, y los maravillosos recursos de apoyo se convirtieron el la orden tajante: "apóyelos usted", "atienda a la diversidad". Qué curioso, ahora se acababa el tuteo, cuando tocaba sacar de la nada los recursos, porque las cosas tenían que hacerse. Ahora empezaba el escalafón a funcionar, y las amenazas de expedientarte, y los requisitos hasta para entrar a mear más de dos veces al día...
  • Nos cambiaron las reglas a mitad de partido, nos quieren imponer su práctica quienes jamás las usaron, pero, con el paso de la clase al despacho se "iluminaron", y, nosotros, que no tenemos estómago para trasladar la mala leche que ellos nos trasladan desde las presiones que les hacen. Como un viejo profesor dijo: "generación puente": pisados por arriba, mojados por abajo.
  • Y, encima, si, vocación o no vocación, que hay mucha demagogia y sentimentalismo barato, se te revuelven las tripas cuando tienes delante aun chaval carente de las habilidades sociales y culturales más elementales, y tú las tienes y no pierdes nada porque él las adquiera.
  • Y ahí empieza todo aquello para lo que no me entrenaron, pero que tampoco quieren entrenarme ahora, porque sería reconocer que están mintiendo con lo de los contingentes de especialistas que no hay y con que los planes de choque se resuelven con órdenes incumplibles, o meramente cosméticas, o acompañadas de cursillos en los que hay que espigar para encontrar una cosa interesante (por teórica sólida o por aplicable) entre una manta de experiencias que solo le salen a un tipo y que han fallado en quinientos sitios, o que tenía permiso para arrasar con todos los demás requisitos del inspector de turno.
  • A modo de listita de necesidades de emergencia:
    • Bases neurológicas de la lectoescritura (y no me digan que sirve lo que dan en Magisterio o en Psicopedagogía, que me da la risa, salvo que pillen una cuatrimestral con un tipo enrollado que se haya leído el ciento y la madre de textos y haya extractado el núcleo duro).
    • Procesos de rehabilitación lectoescritora, en tres ámbitos:
      • Alumnos con problemas en cura o no curados.
      • Alumnos que han tirado la toalla y ya tienen deteriorada, por el paso del tiempo, la capacidad.
      • Alumnos que sufren retraso curricular simple.
    • Trabajo con alumnos que padecen algún tipo de deficiencia cognitiva o trastorno mental (que no me toquen las gónadas con los discursos inclusivos, esos ya me los estudié por mi cuenta en su momento, y ahora muerdo cuando el tiparraco de turno intenta venderme la moto en versión anticientífica).
    • Trabajo con alumnos que sufren patologías de orden sociocultural (mismo paréntesis del anterior)
    • Trabajo con alumnos emigrantes y sus dificultades con el idioma (y ruego que nadie me saque la basura de "programas", que los hay a patadas, pero dispersos en las diecisiete taifas, sin organizar, y sin atender a la formación de todos los profesores que van a lidiar con esa criatura para no convertirlo en un excluido comunicativo).
    • Técnicas de modificación de conducta en ambiente heterogéneo (de las otras me las sé todas, me leo todo lo que me suministran, y mis fuentes ya saben que no cuelan tres paginitas con un recetario. De hecho, las fuentes de aprendizaje que últimamente tengo son:
      • las tres psicólogas que forman ya parte de esta etapa de mi vida (el tercero es un zángano que me ve aparecer y huye, pero al que tengo tan presionado que se defiende soltándome documentos, que, para su desdicha, me leo y le obligo a cumplir en la parte que le toca, además de llevarle los niños medio diagnosticados -con el coraje que me da de hacer de psicopedagogo aficionado y meter las narices donde no entiendo-)
      • el etólogo que se está ocupando de enseñarnos a reeducar y convivir con Booker, que es un coco de lo más interesante, y que se fue a los Estados Juntitos a hacer un máster (de los de verdad), de donde se vino con un conductismo (con bichos, por ahora, no vale el psicoanálisis, ni los enfoques cognitivos con ellos) de nuevo cuño, con una fuerte impronta sistémica. De hecho, es infinitamente menos agresivo (y eficaz a tope) con el perro de lo que estamos siendo en los institutos, y el bicho se vuelve una malva con cada técnica. Pero, teoría aparte, no me siento capaz de traducir sus técnicas, que no puedo aplicar a grupos, que es con lo que trabajo a diario.
    • Modelos de reencuadramiento del sistema de enseñanza aprendizaje en forma de resistencia activa frente a los "educadores externos". En román paladino: que me digan cómo hago para que mi opinión en clase sobre la necesidad de expresarse con corrección "pese" un poquito más que la Belén Esteban.
      • Cosas tan tontas como un manual de disortografía, en el que alguien me enumere los factores que inciden, aparte de los que me sé por experiencia pura y dura: el retraso curricular (que ya casi lo adivino), los trastornos disléxicos, que ya me los confirma el especialista (chulerías aparte),la falta de lectura, y la disolución/debilitamiento de oposiciones fonológicas, ya sean de origen dialectal o diastrático. Me falta el resto de panorama congnitivo y el conductual.
      • Y otros millones de misterios tontos, que no sé cómo manejar, pero se me apolilla el post. Aunque no sé qué tal de tontos, que cuando planteo alguno de ellos me encuentro con un espeso silencio en el preguntado.
    Que, a estas alturas de la película, con algún compañero que ha decidido aliarse con lo peorcito de la generación anterior, y esperar a que la jubilación llegue, yo sigo dispuesto a que me re-preparen. El único problema que tienen conmigo es que no soy un opositor a la espera de caerle bien a las directrices que sigue, por su gusto o no, el tribunal, ni un profesor en prácticas, de cuyo "sí, señor" depende tener o no con qué sustentarse él y los suyos: no tolero estupideces ni demagogias.
    EXIJO una base teórica seria, con conexión demostrada a prácticas factibles, que no sea una carga extra a lo de siempre, sino que reformule los problemas. Y que combata contra los "educadores externos, que son los que marcan la pauta.

    El resto, y fíjense bien en que he englobado a propósito el maremágnum legislativo en "La Reforma" (que ni siquiera fue el nombre completo del principio del invento), solo me parece una monumental estafa. Es más. Me recuerda un escándalo médico de finales del franquismo en el que un contubernio de empleados de un laboratorio, con algunos médicos y farmacéuticos "recetó", "fabricó" y "trató" con una supuesta penicilina que no llevaba más que los excipientes, y malos. Se descubrió porque un frasco se desvió accidentalmente y un "practicante" de la época dijo que aquella porquería grumosa que se formaba en el frasquito no la pinchaba, y lo mandó al laboratorio municipal.

    Aquí estamos zampando talco por vía endovenosa a una generación entera. Del desastre absoluto solo nos salva que los jóvenes llevan el aprender en la sangre, y hay algunos que se dan cuenta de ello, a pesar de la morfina mediática. Pero estamos dejando un reguero de cadáveres a mayor gloria de la Europa de las dos velocidades y de los listillos de vía estrecha.

    Me he dejado atrás a los profesores de la Generación Y a propósito, porque para eso tienen este post.

    Y no, no me lavo las manos. No me dejaron (ni me dejan decidir), pero siento asco por mí mismo, por cada vez que no di un puñetazo en la mesa, por cada vez que no reventé un cursillo falsificado, por cada vez que no me enfrenté a un inspector exgiéndole garantías científicas y no órdenes, u órdenes por escrito.

    Y. sí, hay gloriosas excepciones, a un lado y a otro de mi generación. Pero eso hoy no tocaba.

    lunes, 11 de enero de 2016

    Un práctico folleto, desgraciado en forma de libro. Ahora me explico por qué salía tan barato, y no era por afán de divulgar.

    Me encontré con el libro mientras buscaba otra cosa, parecía prometedor y costaba lo que creo que debe valer un libro digital estándar: la décima parte de su correlato en papel, ya que no hay que imprimirlo, almacenarlo, transportarlo, etc., etc.

    Ahora, Amazon me pide una reseña, y decido aprovechar la ocasión, porque pensaba hacerlo por extenso, pero no merece la pena. Me prometo a mí mismo dedicar un día a liarme con dos problemas que lastran al sistema educativo, por lo menos español, y que infectan a este libro (como a una legión de profesores y cuadros intermedios, tanto por "la derecha educativa" como por "la izquierda"):

    a) el problema de la didáctica universitaria
    b) el supuesto divorcio entre "tu materia" y "su didáctica" (ese último posesivo en doble sentido)

    Antonio Fonseca Morales y Andrés Carmona Campo: Profesor de Secundaria: Claves para lograr la autoridad en el aula educando por competencias. Edición de autor.

    En principio, se presentaba como la reflexión de dos profesores que proponían enfrentarse al problema de la disciplina en el aula. Y desde ese comienzo, además, centrado en la Secundaria, aparecían reflexiones y consejos, llenos de sentido común, quizá un poco más sistematizables, pero interesantes para tener a mano. Como prometían ocuparse de los "casos especiales", esperaba al final el andamio que organizara todo. Cuando vi que se acababa el texto y que también, aunque lúcida, era una sucinta mención del problema
    La cosa empezó a torcerse cuando, a medida que avanzaba el libro, empezaba a menudear que la práctica de volcar saberes sobre los alumnos es cosa de la Universidad. No sé lo que harían para aprobar sus carreras, pero creo que no aprendieron a distinguir los buenos de los malos de los profesores que tuvieron... y mucho menos de que, por acción u omisión, hasta dirigir una tesis exige didáctica. A mitad del libro se envalentonan y todo lo que no les place se convierte, sin explicación en "academicismo" (un autor era de Filosofía, podía haber recordado los jardines de Academo), y automáticamente sobra.
    Más adelante, llegan las competencias, cómo no. Personalmente esperaba que, o bien la mención en el título era un truquete para que colara en el dichoso mercado editorial, o bien establecían el puente (lo cual me hubiera hecho dar saltos de alegría. Pero no. Esa parte se componía de una encendida defensa (porque sí) de principios que todos sabemos ("todos hemos de trabajar con todas las competencias") y otra de la estabilidad normativa, frente a la común creencia de lo contrario. La pirueta dialéctica para "demostrarlo" obvia el menudeo de órdenes y contraórdenes y carga contra las "programaciones de editorial", obviando las "programaciones de inspección" o "a prueba de reclamaciones peregrinas". Nefasta la ignorancia sobre el papel de los contenidos en la enseñanza, que van derechos al cubo de la basura. Resulta que no hay ni uno de ellos que sirva (ni los que en tiempos LOGSE se marcaron como "procedimentales"), todo viene en la wikipedia, y se afirma más de tres y cuatro veces que, a fuerza de "usarlos", los "importantes" se memorizan automáticamente. Hasta los más conspicuos defensores del aprendizaje por proyectos (que parece entreverse en los ideologemas que se trata de introducir) intentan demostrar semejante falacia, de una u otra manera, más o menos cietífica, práctica, "evidente" o elegante. Aquí, está dada por supuesta.
    Más tristeza da todavía que metan en el mismo saco todo lo que significa examen: con tal de que esté en un folio en blanco y que haya que rellenar por escrito, ya es un ejercicio memorístico que no llega a ninguna parte. Y que desmotiva por ser en folio y por escrito. Debo de ser el único profesor del Universo al que le llueven las reclamaciones por no preguntar "vomita esto" y sin embargo pedir comparaciones o formas de solucionar una paradoja, con la premisa de que no hay respuesta "acertada" (al menos al nivel que se maneja un alumno de un determinado curso). Por cierto, muy pobre manejo tanto de explicaciones como de cantidad de caminos alternativos a la "odiosa" clase magistral. Parece que con condenarlas y culparlas de la desmotivación todo está servido.
    Y la traca final: ¡Había una bibliografía tras el texto! Muy de Enseñanza Media, pero de trabajo de alumno, o de mal trabajo universitario, tal que la de esos titulares de Universidad que, tras refreír sus apuntes de estudiantes, adornan la programación con textos incompatibles a lo que proponen como temario. No sé en este caso la coherencia, porque ni me he molestado en contrastar. Si una persona coloca una bibliografía, es porque la ha usado, y entonces la ha referenciado en el texto. La otra alternativa es comentar la importancia de los textos citados, tanto para qué les ha servido como para qué le pueden servir al lector, cosa que muchos buenos autores de Enseñanza Media hacen en sus libros de didáctica.
    En cuanto al estilo de escritura, ramploncete y tópico.
    Dado el escaso beneficio (y las grandes complicaciones fiscales) que a un autor ocasional da la publicación oficial, probablemente hubiera sido mucho más beneficioso, hasta económicamente, reunir lo genuino de las experiencias de los autores, haber reflexionado un poco más para estructurarlas de forma más coherente y lógica y "liberarlo" en un documento PDF gratuito, que, del "pantalla a teclado" les hubiera proporcionado algún encargo de cursillo o similar.