martes, 5 de enero de 2016

"Ya me comen, ya me comen/por do más pecado había"

Sí, quizá la discusión sobre la llegada de los bárbaros de Kavafis, ahora reeditada por los últimos sucesos noticiados, que no hubieran sucedido si no hubiera habido antes otros muchos no noticiados, pero de menos importancia, por lo visto, que los abdominales de Cristiano Ronaldo, la lesión de Messi o la operación de Belén Esteban, ha influido para armar este post.

Luego vino el recuerdo de Don Rodrigo, ese chivo expiatorio de aquella ficción de unión territorial, social y religiosa que fue la Hispania visigótica.

Así que, no sé si tendrá algo de fundamento una serie de sombrías ideas que hace años elaboré, a partir de la frase de mi buen amigo J., que desarrollé a mi manera, y que conté, en un diálogo de globito verde, a La Maga Circe, tan hábilmente interrogadora como de costumbre (dejo sus intervenciones en cursiva):

Estamos viviendo en una gran tribu sostenida por las supersticiones y mitos menos sólidos y fundamentados de la civilización humana. Una tribu perdida de la Amazonía no duraría diez minutos sobre la faz de la tierra con una mitología tan torpe como la que domina el pensamiento promedio actual. Por no hablar de lo que le estamos haciendo a nuestros chamanes... pero eso creo que te lo he contado media docena de veces.

Pues no caigo, sorry. Dame alguna pista.

Un buen amigo me comentó que nuestra posmoderna civilización (quizá incluso antes) está liquidando a los chamanes de la tribu. Yo lo desarrollé de la siguiente manera, dadas las tres funciones del hechicero de la tribu:

a) El hechicero está en contacto con los dioses y sirve de guía espiritual a troda la tribu, desde la esfera particular a la social. No hablo solo de clérigos cristianos, como podrás suponer, sino de todo aquel apoyo para una visión de construcción personal que vaya más allá de las necesidades básicas y alguna de las estéticas, vamos, las famosas tres preguntas trascendentales.

b) El hechicero cura no solo con las hierbas (y en las hierbas entra el escáner de resonancia magnética de alta resolución), sino con la palabra, con el conocimiento que tiene de la persona y con las llamadas a los espíritus (dimensiones trascendentes de las personas). Por cierto, que, un día tonto, vi en un reportaje a una médico voluntaria a la que le llegó una paciente con mal de ojo. Le dio de todo lo que tenía a mano, psicotropos incluidos, pero se le murió. Desde entonces, aprendió a derivar esos casos al hechicero, con un índice de éxitos altísimo. De camino, aumentó la confianza de las tribus que atendía hacia ella. No hará falta que te comente la falta de respeto que tenemos como sociedad por la medicina, y la confianza supersticiosa (de la mala) en los fármacos y en los aparatos.

c) El hechicero es el que cuenta los secretos de la tribu a los jóvenes, el día o días que dura la adolescencia. Ciertamente, siguen el mismo esquema principal: los dioses hicieron el mundo de tal o cual manera, luego construyó a los componente de nuestra tribu, y, con el material que le sobró, al resto de las tribus de la Tierra. Fruto de ello, y al ser los principales, tenemos una situación de privilegio en la relación con los dioses, tan importante que muchas de las otras tribus ni siquiera son capaces de adorar a dioses de verdad y se los han tenido que inventar. En consecuencia, somos los llamados a dominar la naturaleza, bien que respetando tales o cuales leyes morales, así como a las otras tribus, como cuando derrotamos a la tribu X en la batalla de Y, y casos similares [no sé qué te parece como resumen de la literatura fundacional grecolatina, hindú o judía]. Es decir, en conclusión, que es todo un orgullo ser parte de una sociedad a la que debemos participación activa para que siga recreándose. Aquello que los especialistas en dinámica de grupos llaman "membrecía".

¿Dónde situamos al maestro? 

El maestro es el hechicero que cuenta los secretos de la tribu a los adolescentes (no es que desprecie la escuela, faltaría plus, es que es el único aprendizaje formalizado -tanto, que el verso nace en las salmodias con ritmo que sirven para memorizar y transmitir las leyendas fundacionales- que se da en la tribu). Lo de que la tribu educa (que he oído cien veces este año atribuir a Marina, juraría que es de Savater la cita, pero no me ha dado tiempo material a comprobarlo todavía) es una verdad como un templo, pero ese proceso queda desvertebrado y atomizado en intentos dispersos y contradictorios si falta el eje estructural de lo que da sentido al autoconcepto de la tribu, y al autoconcepto del individuo como miembro activo de la misma.

Quizá ha pasado el tiempo del chamán de la tribu, sustituido por el que cada cual elige, o por ninguno con lo cual se pierde el contacto con los dioses, o peor, los mismos dioses.

Quizá dispersos, pero nunca ni atomizados ni desaparecidos. La fe en los chamanes es necesaria. Fe en el sentido de un ateo como Erich Fromm, y en la de los teólogos que merecen ese título: no consiste en creerse XYZ como un papanatas, sino en una relación de implicación activa. Fromm  tiene un capítulo muy interesante al respecto en ¿Tener o ser?, extendiendo el proceso de adhesión hacia personas.
Si tu médico es un imbécil, cambia de médico, pero no alimentes el monstruo de la desconfianza en la medicina como arte (no técnica) de curar. Y lo mismo con los maestros y con los guías espirituales. Los tres tienen que existir como institución. Si destruyes la fe en la institución y atomizas, lo peligroso es que la función, esta vez sí, crea el órgano, pero lo mantiene oculto a la vista.
Nada más peligroso que una realidad operante que queda relegada a lo que no se nombra, porque actúa de forma efectiva pero incontrolada, y lleva donde uno no quiere. Aplicación de este principio (que procede de la sociocrítica bajtiniana) a lo que nos ocupa:

a) muerto el médico, surgen las "medicinas alternativas". No me refiero a que la medicina académica tenga siempre la última palabra (no habríamos salido de Galeno todavía), sino a cuestiones como las hierbecitas que te prescribe una vecina. Dos ejemplos: nuestra amiga M. se relajaba con infusiones de Stevia, que le habían recomendado, y que, dadas las conversaciones que teníamos, me hizo probar. Estupendo como placebo, porque la única propiedad de esa plantita es la de endulzar a cero calorías, pero imagínate si le empieza a subir la tensión por razones somáticas y trata de saltarse un eventual diazepán a cambio de una tacita. Ejemplo 2: el Servicio Autonómico de Salud tuvo que sacar una circular pegando un repaso a todos los hierbajos que se venden, últimamente ya en capsulitas y listos para atracarse, y avisar a los médicos de que controlaran las interacciones con la medicación. Por ejemplo, el Hipérico (Hierba de San Juan) tiene un potente ISRS (antidepresivo), pero el problema de que cada herborista lo extrae de forma diferente de una parte diferente de la planta y prescribe por su cuenta las cantidades que hay que tomarse, con lo cual es incontrolable lo que el paciente se está metiendo en el cuerpo, y no digamos si lo hace por su cuenta y combinándolo con los ISRS "oficiales" (tal que el Prozac). Los estantes de fitoterapia y "medicina natural" de los supermercados, y no digamos las "tiendas especializadas" se llenan y vacían a velocidad de vértigo, y pueden hacerse cócteles que dan verdadero miedo. No te cuento la de cosas que se pueden hacer con numerosos principios activos que son de venta libre en farmacias y que, gracias al consejo de "un amigo que sabe mucho", la gente consume como caramelos.

b) muerto el guía espiritual, ni siquiera hace falta remitirse a las sectas ni a sus conglomerados tipo New Age, basta contemplar el fanatismo con el que la gente se agarra a supersticiones (incluida en ella, lo explico en todas mis clases, la de ponerse la medallita de la Virgen del Rocío el día del examen con el fin de aprobar), tanto científicas (cómo se va a morir mi primo de una bronquitis si tiene veinte años, está bien de todo lo demás y lo tenemos en un hospital con todo tipo de aparatos), como "sobrecientíficas", aquí tienes una perla. Bueno, siendo de tu especialidad, aquí tienes otra, esta derivada de una previa base científica.

c) Finalmente, cantemos con Nietzsche (al que la frase sin modificar no hacía gracia, solamente certificaba): "la escuela ha muerto". ¿Te cuento sobre esto o lo lloramos en silencio, no por nuestro trabajo marginado, sino por las consecuencias?



¿Qué tiene que ver esto con los tipos que nos quieren pasar a degüello, y se están abriendo paso a golpe de cinturón-bomba? Que, por estos y otros numerosos motivos, les estamos poniendo a huevo el tema.

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Francamente, si ha captado la facilidad con que mi ánimo se encrespa, imagino que entenderá que modere comentarios. Aunque año y pico de una experiencia anterior no me ha obligado a censurar ninguno, nunca se sabe.