lunes, 4 de enero de 2016

Cuando desperté, el profesaurio era yo

Perdón, Tito Monterroso. Pero es que esta mañana, por mi pecado de estar siguiendo el invento diabólico del chat telefónico, alguien propone una actividad muy "diver" para hacer un arbolito de Navidad... con los libros de la biblioteca. En lugar de seguir trabajando en mi retrasada labor, mantuve el diálogo de sordos entre mis compañeros diver-chupi-guay y yo. Afortunadamente, Mafalda puso, suave pero firme, pie en pared.

Y entonces me vino a la mente aquella vez que otros profes diver-chupi-guay no podían realizar una actividad, se suponía que importante para el trago de pasar a Secundaria,  porque ya andaban apurados con la función de fin de curso.

También se me pasa por la cabeza el huracán de murales que lleva unos años viviendo mi centro. En los añitos del reciclaje aquello fue una cacofonía de estridencias cromáticas. Eso sí, debió de ser muy efectivo porque nunca como ahora ha estado el patio tan lleno de plásticos desparramados para que, tras el recreo, vengan los adultos a recogerlos para su reciclado.

La inspección nos tumba por inválido todo lo que no sea divertido y se ajuste  a sus patrones. De hecho, a veces siento como si me hubieran encerrado en un campo de reeducación.

Padres/madres y muchachas/muchachos, e incluso titos/titas y abuelas/abuelos (¿o lo pongo con arroba, que era como se pesaba a los gorrinos o se medían los bocoyes de morapio?), se quejan de que soy aburrido, de que ponen las definiciones al pie de la letra y no les puntúa porque pido explicación en la pregunta, de que me paso el día preguntando el porqué de lo que esté impartiendo...

Hay quien ha dicho que determinado contenido sobre el que hago, lo confieso, demasiado énfasis, era "una cagada". Porque, claro, intentar que relacionen el discurso de la telenovela con la narrativa, la publicidad con el uso espurio de la función poética, las variantes diastráticas como sistema de dominación social, la necesidad de presentar un escrito, por ejemplo, el del examen, usando el registro adecuado... es que estoy out.

Creo que va llegando el momento de desplazarme a un centro, apolillado pero intocable para la inspección, tragarme mi formación (al fin y al cabo, lo que importa es lo que viene en los decretos y en los libros de texto, el resto es afición, tal que si fuera experto en filatelia) y dejar pasar las clases hasta que me jubilen por inútil.

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Francamente, si ha captado la facilidad con que mi ánimo se encrespa, imagino que entenderá que modere comentarios. Aunque año y pico de una experiencia anterior no me ha obligado a censurar ninguno, nunca se sabe.